miércoles, 9 de marzo de 2011

Día internacional de la mujer trabajadora 1911 - 2011

Ana Castellanos
Por: Luz Marina López Espinosa 

Hoy 8 de marzo se cumplen cien años de la  celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Fueron los partidos socialistas y comunistas los promotores de esta idea. Por eso no se puede olvidar el carácter revolucionario y de clase de este día. La  alemana Clara Zetkin lo propuso en 1910 en la Conferencia  Internacional de Mujeres Socialistas  en Copenhague (Dinamarca) y se conmemoró por primera vez en    Austria, Alemania, Dinamarca y Suiza (1911), recogiendo las luchas de las mujeres desde la antigüedad, la revolución, francesa, las textileras de Nueva York.

Ya en la Antigua Grecia, Lisístrata –comedia de  Aristófanes -  convenció a las mujeres de hacer huelga sexual contra los hombres para que pusieran fin a la guerra.  Y cómo olvidar la memorable Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana redactada por la francesa  Olimpe de Gouges en 1791. Al ver que la revolución olvidaba a las mujeres en su propuesta de libertad e igualdad,  propone la universalización  de los derechos humanos y la emancipación femenina. Documento histórico muy completo que aún tiene vigencia porque exigía  trato igualitario para la mujer tanto en lo público como en lo privado: igualdad de poder en la familia y en la iglesia, participación en el gobierno, en el ejército, etc. En 1845  en La Sagrada Familia,  Marx y Engels  dentro de una concepción científica plantearon la situación de la mujer en el capitalismo:

“La transformación de una época histórica se puede definir  siempre en función del avance de la mujer hacia la libertad, porque ahí en las relaciones de la mujer  con el hombre, del débil con el fuerte, aparece de modo más evidente  la victoria de la naturaleza humana sobre la brutalidad. El grado de emancipación de la mujer  es la medida natural del grado de la emancipación  universal”

Cien años después, el capitalismo y los medios de comunicación han convertido este día en una fecha comercial quitándole el carácter político que le es esencial. Venden  un día de celebración de la mujer pero sin esta dimensión. Una  fecha más dentro de las muchas que ha impuesto el mundo globalizado,  consumista y ahistórico. Y las campañas mediáticas  siguen manipulando  la mente y el corazón de las mujeres con el mito del bello sexo, tratándola como un ser frágil al que desde luego no hay que maltratar –gran concesión- y al que hay que regalarle  flores,  dulces y peluches como a los niños. En estos cien años  la situación para la mujer  trabajadora poco ha cambiado. Las cifras de desigualdad y pobreza son generalizadas en el mundo; las estadísticas así lo demuestran: el 70% de los pobres absolutos son mujeres, millones de niñas cada año son vendidas y compradas como esclavas sexuales; sufren desempleo,  discriminación y violencia  (física, sicológica y sexual), vulnerando su libertad y su dignidad.

Hoy en pleno siglo XXI no es mucho lo que se ha avanzado, a despecho de múltiples y bellas declaraciones e instrumentos internacionales que cubren de loas a la mujer y la abruman de garantías. Pero todo ello se estrella con el muro  impiadoso de la realidad. Acaso en África en sus guerras tribales, políticas y de odios  ancestrales, no son cientos de miles las mujeres violadas y mutiladas físicamente, botín de guerra de cualquiera de los bandos en el territorio que asolan? ¿Y en Colombia no son las niñas menores de edad botín sexual predilecto de los bandos en pugna preferentemente de las fuerzas oficiales y paramilitares?

 El capitalismo y la globalización con sus impuestas políticas  de flexibilización laboral, bajos salarios y contratos temporales todo en beneficio de las empresas trasnacionales, ha hecho víctima propiciatoria a la mujer. En especial en un país donde la violencia y la inconsciencia de los hombres y las instituciones, lo ha llenado de madres cabeza de familia. Y además, el precario empleo que se da, se considera una gracia de esas perversas políticas, ya que presuntamente son las que traen la inversión europea y norteamericana que lo genera. Sin reparar que ese “beneficio” también ha traducido pérdida de garantías y beneficios sociales a cargo del Estado porque los ingentes subsidios y exenciones de impuestos a ese capital extranjero, produce aumento del déficit fiscal. Que ya sabemos cómo se solventa: con más impuestos directos e indirectos al consumo, al trabajador y al pequeño propietario. Y con menos inversión social.

En los años 90 aumentó la participación de la mujer en el mercado laboral, especialmente el informal y  en los sectores de los textiles, confecciones y  agroindustria- recolección de frutas y flores-. Estos sectores son  considerados cadenas de producción globales, donde utilizan moderna tecnología con fuerza laboral oprimida al estilo del siglo XIX.  Así,  prefieren mano de obra femenina, jóvenes entre los 15 y 25 años, sin hijos ni experiencia y analfabetas,  porque serían más productivas y sumisas.  Sometidas a  largas jornadas de trabajo de 12 y 14 horas, extras nocturnas obligatorias sin ser remuneradas, deben comer de pie en el baño o algún rincón de la fábrica. Verdaderos infiernos. Y ni qué hablar del derecho a sindicalizarse. Los trabajos de supervisión y corte son dejados a los hombres con mejor salario, entre  el 20% y el 50% mayor. El caso de la industria de las flores en la sabana de Bogotá es paradigmático.

 Las mujeres que trabajen en  los cultivos de flores además de la explotación laboral a que son sometidas padecen alteraciones en la salud, abortos, enfermedades respiratorias y  hasta la muerte como consecuencia de  los pesticidas, prohibidos en el primer mundo  y exportados al tercer mundo. En el bello documental “ Amor, mujeres y flores” de Martha Silva y Jorge Rodríguez ( 1989) se denuncia la oprobiosa situación de las cultivadoras de flores.

 ¡Y qué ironía¡ En el día de la mujer son millones de flores colombianas  que se venden en el mundo. Las espinas de estas bellas y exóticas  rosas han dejado sangre y dolor en las manos de  estas explotadas  trabajadoras.

En la maquila,  moderna forma de esclavitud femenina, las  trabajadoras no lo son en el sentido laboral, carecen de garantías y de  límite de tiempo en la jornada.  Las grandes marcas  han  instalado sus fábricas de confección de ropa en el tercer mundo: China, Bangladesh, Marruecos,   Chile, Centro América, México donde los gobiernos  atraen a las multinacionales ofreciendo privilegios económicos, además de mano de obra abundante y barata. Grandes empresas controlan la producción, comercio y distribución de las confecciones y los textiles de moda. Las  españolas han venido colonizando los rincones más pobres del planeta. Marcas como Cortefiel, Inditex (Zara), Mango, prefieren China o Pakistán donde las condiciones de producción son más flexibles lo que significa mayor explotación y más ganancias.  El primer mundo en el tercer mundo. ¡Vaya consuelo! Adidas de Francia, Benetton de Italia, Gap de Estados Unidos, prendas elaboradas por manos femeninas que ganan un dólar por día. Los países pobres  producen y los ricos consumen. La moda hace parte de esta cadena global de producción intensiva que no reivindica ni promueve a quienes elaboran los productos.

Otra modalidad, muy común es estos tiempos, es el trabajo a domicilio. Las mujeres cosen en su casa y el empresario se ahorra los costos de infraestructura, servicios, parafiscales, contingencias, etc.  Las  grandes marcas de maquillaje y cosmética también han descubierto esta jugosa veta: Yanbal, Esika, Evon, tienen a millones de mujeres  en el mundo trabajando y produciendo para ellas sin salario. Reciben comisiones y  premios de consolación: tarros de plástico, joyas de fantasía,  chucherías traídas  de la China. Y el trabajo no remunerado, la plusvalía extraída se ve reflejada en las campañas publicitarias donde se pagan cifras astronómicas a modelos famosas y bellas para que exhiban las prendas confeccionadas por  mujeres pobres de Taiwan, Turquia y de más de 50 países donde están instaladas estas fábricas de dinero y belleza.

Este día y celebración, sea entonces éste un pequeño homenaje a  la mujer. Pero no a las que modelos que nos muestran en la televisión, sino a aquellas que espigándose por encima del dolor, encaran y encarnan nuestras luchas por un mundo mejor y más justo. Las que han dado a luz hombres a quienes luego ven morir en plena juventud por proseguir la lección que les enseñaron desde sus vientres. A las  Adelitas,  Anitas Castellanos, Divas Prieto, Fabiolas Lalinde, Reina de Posada, Luz Odilia León, Aydé Moreno, Mercedes Úsuga… en fin….

LMLE/PCC

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