domingo, 15 de abril de 2012

MARIO UPEGUI HURTADO

Mario fue un hombre de partido.
Por Jaime Caycedo Turriago

La desaparición del amigo y del camarada duele. Muchas cosas vitales se fueron con él. Solo podemos recuperar lo que representó su ejemplo. Un ejemplo singular.


Mario fue un hombre de partido. Es parte central de su singularidad. Un comunista de masas, sentido y querido mucho más allá de nuestras filas. Pero también un hombre querido y amado por l@s integrantes del partido.

Su lucha tuvo su centro en la reivindicación de los destechados. Miles de conciudadan@s llegaron a las principales ciudades de Colombia, especialmente Cali y Bogotá, a comienzos de los 60 del siglo XX. Es la urbanización forzada de quienes huyen de la guerra rural, obra del latifundismo y del Estado clasista. De ella surge la ciudad refugio, de la que habla Jacques Aprile.

Mario es un lider de la ciudad refugio. Supo conectarse y organizar el partido en la acción de esos miles de refugiados-destechados por un espacio para vivir. Para vivir como pobres, porque era esa la ley de la ciudad burguesa. Pero vivir con el duro acomodo de la precariedad, como seres humanos dignos y capaces de luchar por otra calidad de vida, por los derechos que la Constitución burguesa se ve obligada a ofrecer, aunque no a cumplir.

Entender la vida y el ejemplo de Mario Upegui es comprender los miles de avatares de esa elección a la que nadie le obligó. Su papel como concejal es representar el sentir de la franja popular que llegó a entender el significado emancipador de la lucha por el derecho a la ciudad como la lucha por el territorio y el espacio de la dignidad, del reconocimiento a la capacidad de l@s de abajo para hacerse escuchar y respetar frente al poder real de quienes monopolizan el suelo urbano y las decisiones de políticas de ciudad.

Varias de estas cosas escribió Mario en su excelente discurso de aceptación del Doctorado Honoris Causa en Sociología, que le otorgó la Universidad Cooperativa. No habíamos escuchado una más coherente disertación sobre el quehacer práctico y político de un luchador popular que le enseña a la academia lo que aquella ni sueña en entender. Esa posibilidad de mirar las cosas con apertura, con creatividad, sin presunciones vanidosas, con la modestia de los sabios y de los comunistas ejemplares.

Algo que admiré en Mario gira alrededor de esa idea de amplitud, tanto en la dolorosa y compleja experiencia de la Unión Patriótica, de la que es un vocero erguido en medio de la guerra sucia, como en una peripecia anterior, no por anterior menos significativa y colmada de méritos.

Me refiero a su participación en el Frente Unido, al lado del cura Camilo Torres, por orientación el partido. Mario recorre el país, precede las giras para poner en movimiento a un sujeto social ávido de la prédica democrático revolucionaria que levantaba multitudes, desconfiadas del curso agresivo y militarista que volvía a enseñorearse del Estado post dictadura. Camilo encomió esa labor del acompañante y organizador popular, siempre alerta en los momentos más difíciles. La visión sobre la unidad con entrega, franqueza, solidaridad, fraternidad, respeto por las creencias, amistad hacia los creyentes sinceros, hace parte del avío de los comunistas en las tareas unitarias actuales.

El joven Mario Upegui de entonces aprendía a la vez que enseñaba. Siempre fue descomplicado, práctico, amistoso, firme en los principios, responsable. Así lo veíamos entonces, cuando desde la JUCO y el movimiento estudiantil reuníamos fuerzas con l@s batallador@s del Policarpa.

Ese espíritu se fue con Mario, pero nos queda la fuerza de recrearlo en la abnegación de la lucha diaria y en el compromiso generoso con l@s trabajador@s.

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