lunes, 5 de noviembre de 2007

Dice Carlos Lozano, periodista colombiano.“Con Uribe en el Gobierno es imposible avanzar hacia la democracia”



*Francisco Serrano
Periodista

En Colombia, según dicen los expertos, en los últimos años no hubo otra elección tan enconada y de tanta contradicción entre las fuerzas de izquierda, representadas en el Polo Democrático Alternativo y el gobierno derechista de Álvaro Uribe Vélez, como las del 28 de octubre pasado, cuando fueron elegidos los gobernadores, alcaldes, diputados departamentales, concejales y ediles en el país.

Uribe Vélez, con segundo mandato desde hace 14 meses después de la reelección y con enormes posibilidades de un tercer periodo y segunda reelección, porque así lo promueven varios políticos uribistas, atacados por el fenómeno de la ‘parapolítica’, se enfrentó al líder del Polo Democrático Alternativo, ex magistrado Carlos Gaviria Díaz, al que acusó de “encenderle una vela a la democracia y otra a la guerrilla”. Gaviria le respondió con energía y desde entonces hay un agrio enfrentamiento entre los altos funcionarios del Gobierno y el veterano líder de la izquierda, en las pasadas elecciones candidato presidencial de esta tendencia con más alta votación en todos los tiempos.

Pero los dardos del presidente Uribe Vélez también se dirigieron contra Carlos Lozano, director del diario la Voz, el más conocido de la izquierda, quien había denunciado que el Gobierno se estaba extralimitando e interviniendo en política para impedir el triunfo del Polo en Bogotá, la capital del país. En las dos últimas elecciones con candidatos victoriosos de la izquierda a pesar del prestigio personal del presidente. Uribe le respondió de forma ácida, diciéndole a los periodistas: “Díganle al doctor Carlos Lozano que es mejor participar en política que participar en la guerrilla”. De ahí en adelante la estrategia de Uribe Vélez fue atacar a Samuel Moreno Rojas, candidato del Polo a la Alcaldía de Bogotá, por supuesta complicidad con la guerrilla y otros golpes bajos, calificados de ‘guerra sucia’ por su campaña.

Después de las elecciones el presidente Alvaro Uribe Vélez no ha ocultado la inconformidad con el resultado electoral. No ha querido conversar con el nuevo alcalde, mostrando un claro resentimiento, a la vez que dijo que su segunda reelección y tercer mandato podría ser viable si en Colombia se produce una hecatombe. Para la izquierda es la manera como Uribe le da carta blanca a los promotores de la segunda reelección, amén de que revela una actitud suya prepotente y mesiánica.

Carlos Lozano es dirigente del Partido Comunista Colombiano y miembro de la Junta Nacional del Polo Democrático Alternativo, desde hace 16 años director del diario la Voz. Es un destacado periodista, conocido en el medio, de prestigio nacional e internacional por su abnegada dedicación a la búsqueda de la paz y del intercambio humanitario. Persona carismática y amable, querido por tirios y troyanos, aunque conocido por su carácter y manera directa de decir las cosas. Al pan, pan y al vino, vino. Es lo que parece no gustarle al gobierno actual. Quisimos conocer sus opiniones sobre la reciente contienda electoral, que según su periódico el Polo está en ascenso y las elecciones fueron una “bofetada al presidente Uribe y a la pareapolítica”.

¿No le parece exagerado decir que Uribe recibió una bofetada? Perdió en Bogotá pero ganó en el resto de Colombia.
-Nosotros analizamos de otra manera los resultados electorales. Desde el punto de vista político el presidente Uribe Vélez recibió una derrota, no sólo porque el Polo Democrático Alternativo ganó las elecciones en Bogotá, sino porque también logró la gobernación del departamento de Nariño, al sur del país, y aumentó la votación en el territorio nacional. La intervención abierta, descarada e ilegal del presidente Uribe en la campaña electoral contra el Polo fue para impedir su avance nacional. Contra Samuel Moreno Rojas, candidato a la Alcaldía, no sólo acudió a la calumnia, porque lo sindicó de cómplice de la guerrilla y de comprar votos, sino que adelantó una guerra sucia sin precedentes, apoyado en los altos funcionarios del Gobierno y en los grandes medios de comunicación. Pero también hizo tres o cuatro viajes a Pasto, capital de Nariño, para actuar contra la candidatura a la gobernación de Antonio Navarro, uno de los principales dirigentes nacionales del PDA. En ambos casos perdió Uribe. Y como si fuera poco la votación del Polo creció en todo el país... Apenas tiene un año y cuenta con un millón de votos propios, además de los de opinión que lo favorecieron como en el caso de Bogotá y Nariño.

Algunos medios y el Gobierno sostienen que el Polo sólo existe en Bogotá y Nariño.
No es cierto. El Polo eligió, además, veinte alcaldes, veintidos diputados, más de un centenar de concejales, entre estos en las capitales, y ediles en las localidades de las principales ciudadaes del país. Además es la primera fuerza política en Bogotá. El Polo es una realidad nacional, es lo que le preocupa a Uribe y a la ultraderecha. Está en ascenso mientras el uribismo revela síntomas de fatiga y el presidente entra en la etapa del ocaso. Su actuación desesperada y delirante así lo revela. ¿Qué más puede ofrecerle Uribe al pueblo colombiano, además de guerra y demagógicos ‘chequecitos’ en la campaña de familias en acción?

No se. Soy un periodista extranjero y no soy el llamado a dar juicios definitivos y sobre todo apresurados, pero todo indica que la fuerza uribista es arrolladora.
Es cierto que Uribe Vélez con su ambición desmedida y estilo antidemocrático logró cooptar buena parte de los tres poderes del Estado. Domina a sus anchas el Ejecutivo y el Legislativo, pero le surgieron contradicciones con el poder judicial, porque en la Corte Suprema los magistrados no se doblegaron a sus presiones para beneficiar a los congresistas uribistas procesados por los vínculos con las mafias del narcotráfico y del paramilitarismo, lo que se conoce como ‘parapolítica’. Pero ya no puede gobernar igual que antes, las contradicciones entre ellos mismos son fuertes y el Polo gana prestigio.

Pero ganó las elecciones del domingo 28 de octubre pasado.
En la suma aritmética sí. Los partidos uribistas ganaron si se suman los escaños que logró cada uno de ellos. Pero ¿cómo los obtuvieron? A través de la compra de votos, de la intimidación de los paramilitares, de la campaña presidencial repartiendo ‘chequecitos’ en programas como familias en acción y otros parecidos de corte electorero o a través de las redes de informantes, conformadas por cerca de dos millones de personas a sueldo de la Presidencia de la República. En estas condiciones las elecciones no son democráticas, están cargadas de ventaja a favor de los partidos gubernamentales y están asediadas por la violencia oficial y de las mafias narcoparamilitares. Varios candidatos del Polo fueron apresados durante la campaña electoral. Inclusive algunos están todavía en la cárcel sindicados de rebelión, el fantasma con el cual se pretende judicialziar a la oposición política de izquierda en Colombia. Mire usted no más el ejemplo de Convergencia Ciudadana, uno de los partidos uribistas, que tiene en la cárcel y procesados a la mayoría de sus congresistas, que logró nuevas posicions en las elecciones recientes. O también el partido de la U o el de Colombia Democrática de Mario Uribe escobar el primo del presidente, cuestionados por los nexos con el paramilitarismo y el narcotráfico y ahora aparecen reclamando la victoria. Lograda, no hay duda, gracias a las trampas, al fraude y a la intimidación. De lo contrario habría que concluir que el pueblo colombiano es estúpido y yo estoy seguro que no es así. Estamos ante un Gobierno tramposo e indecente, que orquesta todo esto. Esa es la realidad

El Gobierno dice que el Polo no se desmarca lo suficiente de las guerrillas, sobre todo de las FARC.
Eso no es cierto. El Ideario de Unidad y los estatutos del Polo lo definen como una organización legal, civil, democrática y ajena a la violencia, al tiempo que condena el uso de las armas como forma de acción política. ¿Qué más quieren? Lo que pasa es que el Polo reconoce el conflicto colombiano y sus causas y por ende se pronuncia por la solución política del mismo sobre la base de erradicar las causas que originaron ese conflicto. Uribe reduce todo a decir que la guerrilla es una fuerza terrorista y punto, ignorando los aspectos sociológicos y políticos que determinan el conflicto y su solución. Uribe pretende aglutinar el país en torno a la guerra y eso fracasó. Hoy la tendencia es hacia el acuerdo humanitario y la solución política. La carta guerrerista fracasó y el Polo se niega a hacerle el juego al belicismo uribista, entre otras cosas ligado éste a la nefasta política ‘antiterrorista’ de Bush, en el fondo intervencionista y agresiva para los pueblos del mundo.
Uribe ejerce el poder a través de medios violentos y de restringir la democracia. Es curioso que descalifique al Polo por supuestas simpatías con la guerrilla, pero su Gobierno se debe al narcoparamilitarismo, para el que pretende impunidad de sus crímenes, ellos son el peor lastre del conflicto y de su degradación. Todos esos partidos uribistas tienen a varios de sus líderes y congresistas encarcelados y procesados porque se beneficiaron del apoyo electoral paramilitar. ¿Cómo puede demostrar Uribe que esos mismos votos no lo favorecieron a él en la primera y segunda elección? El paramilitarismo es parte de la base social del uribismo y de su filosofía política e ideológica, no me cabe la menor duda.

¿Usted se sintó ofendido por lo que le dijo el presidente?
No. Me resbaló, porque cada uno da de lo que tiene. ¿Qué más puede esperarse de un Gobierno indecente?

¿No cree que debe haber más claridad en el Polo sobre su distancia con el terrorismo?
El Polo tiene distancia del terrorismo. No lo respalda ni lo apadrina. Lo que habría que definir es qué es el terrorismo. ¿Quién es terrorista? ¿Es Bin Laden el terrorista y no Bush? ¿No es terrorismo de Estado lo que hay en Colombia, cuando existe el exterminio sistemático de la izquierda, de los sindicalistas y de los líderes populares? Aquí hay es un conflicto interno, es otra cosa, que debe resolverse por la vía pacífica y sin armas. A esto apunta el Polo Democrático Alternativo. Claro que al respecto hay diferencias, existe un debate al interior del Polo, que se va decantando, pero en lo que no hay duda es en la solución política del conflicto y en que el Polo no acepta el uso de las armas en la contienda política. En lo personal creo que el concepto de terrorismo es maniqueo. No creo mucho en la legitimidad del Tribunal Penal Internacional cuando Estados Unidos no lo respalda. Creeré en él el día que Bush esté sentado en el banquillo de los acusados como reo por delitos de lesa humanidad. De lo contrario es una pantomima para crear una jurisdicción internacional del tercer mundo.

¿El Polo se define como una fuerza electoral?
No solo electoral, también de masas y de lucha popular. Después de este avance electoral el Polo debe meterse de lleno en la movilización social y popular contra las privatizaciones, el TLC, la ofensiva del capital contra los trabajadores, por el intercambio humanitario y la paz con democracia y justicia social. En la resistencia civil y la vigorosa movilización popular está la fuerza democrática de las masas para imponer cambios en la vida nacional. Inclusive para sacar a Uribe y a los uribistas que son el principal estorbo para la democracia. Con ellos en el Gobierno es imposible avanzar en el fortalecimiento de la democracia.

Pero Carlos Gaviria convocó a los polistas a ganar las elecciones de 2010.
Sí. Pero si el proceso de acumulación de fuerzas de la izquierda y del movimiento popular es capaz de imponer la apertura democrática y social, a lo mejor tendremos elecciones anticipadas o un nuevo gobierno para reconstruir a Colombia. En Sur América hay ejemplos. El proceso político uribista se parece mucho al de Fujimori en Perú, aunque aquí no ha hecho tránsito todo el ciclo peruano. La historia, por lo general, no se repite tan igual, pero en nuestro país puede llegarse a situaciones muy parecidas a las del vecino país o de Ecuador o de Bolivia. No estamos condenados a cien años de la tragedia uribista. La crisis política en Colombia está acelerada, no así la económica y la social que tienen coyunturas favorables. Pero puede llegarse al punto de que la economía del capital no dé más, lo cual es previsible en el mediano tiempo, y la crisis social se dinamice con la luchas de los trabajadores, los campesinos, los jóvenes y los sectores populares.Así se darán los factores objetivos y subjetivos y ahí sí que Uribe se tenga de donde sabemos.

¿Cómo interpreta usted la afirmación del presidente Uribe Vélez de que la segunda reelección es posible si hay una hecatombe?
Algo muy propio de su estilo mesiánico. Él se cree una especie de superestrella, de predestinado no se por quién para salvar a Colombia de los ‘chicos malos’. Es ridículo. La única hecatombre en Colombia es el uribismo, un verdadero tsumani que arrasó con las posibilidades de paz y con los derechos de los trabajadores. Aquí está en cuestión es la democracia. Uribe quiere uniformar al país en el concepto totalitario de que él es el único que puede “salvbarlo de las garras del terrorismo”. El Secretario del Partido de la U, promotor de la segunda reelección, dijo con cinismo que la hecatombe puede darse por “el peligro de triunfo electoral del Polo o inclusive del Partido Liberal. Como Hitler, Uribe no quiere opositores, pretende el régimen del unanimismo y del reinado absolutista. Napoleón le quedó pequeñito.

¿Es el Partido Comunista una piedra en el zapato del Polo por aquello de la combinación de las formas de lucha?
Ese cuento huele a moho. Es un anacronismo. Es el argumento macartista de la derecha para meter cuña al interior del Polo para dividirlo. Hay quienes le hacen el juego a eso, no se por qué intereses, pero los hay. El Partido Comunista está en el Polo y comparte el Ideario, en el entendido que el Polo está en construcción y por eso es válida la batalla de ideas, adelantada sin sectarismo, sin descalificaciones y sin exclusiones y sobre todo con criterio constructivo para que se fortaleza la unidad. Así lo entendemos nosotros.

¿Y en esto dónde está la guerrilla?
La guerrilla es una realidad nacional, que no se puede desconocer. Es un fenómeno político y social de nuestra realidad, que puede superarse mediante la solución política del conflicto. Para la paz con democracia y cambios sociales el movimiento guerrillero es indispensable, su existencia hace parte de la vida nacional y de los cambios que se avecinan. En el entendido que la perspectiva es la paz y la lucha democrática de masas. La existencia de la guerrilla no es artificial ni fue impuesta por nadie, deviene de unas causas que la oligarquía colombiana no ha permitido modificar. Así lo consideramos los comunistas. Es nuestra lectura del proceso político colombiano. La razón nos la da el hecho de que la mayoría del país está por soluciones políticas y pacíficas del conflicto.

¿Está cerca la paz para Colombia?
No se si está cerca, pero de lo que estoy seguro es que es el único camino que tenemos para fortalecer la democracia y el nuevo orden social. La paz no es posible con la ausencia de democracia y ésta es cada vez más precaria; tampoco con la creciente miseria de una burguesía explotadora, que se lucra de manera desmedida con el sudor y la sangre de los colombianos y las colombianas. Si logramos el intercambio humanitario o el canje humanitario en buen camino de la mano de las gestiones del presidente Chávez y la senadora Piedad Córdoba, podemos decir que hemos subido otro escalón en el difícil camino de la paz. Esta será posible el día que los cambios se consoliden en una Constituyente con amplia participación, inclusive de las fuerzas guerrilleras. Colombia no se va a quedar atrás del proceso latinoamericano. Uribe es el aliado de Bush y de sus crímenes de lesa humanidad en el mundo, pero ello no compromete a todo el pueblo colombiano. Los colombianos y las colombianas somos gente buena, amante de la paz, de la democracia, de la fraternidad entre los pueblos, humanistas y orgullosos de nuestra soberanía hoy mancillada, por cuenta de Uribe Vélez, por la intervención norteamericana abusiva y prepotente.