viernes, 14 de noviembre de 2014

El Frente Amplio por la paz, la democracia y la justicia social

Por: Jaime Caycedo Turriago

Los días 14 y 15 de noviembre se reúne un primer Encuentro nacional de iniciativas del Frente amplio por la Paz, la democracia y la justicia social en medio de las expectativas por los avances de la unidad de las fuerzas de la izquierda e independientes en torno al proceso de paz, diálogo y solución política. Se trata de una inicial aproximación de acciones que se esfuerzan por identificar coincidencias, miradas y propósitos en dirección al cambio político necesario. En un momento de dinámicas que demarcan transformaciones en curso, en el contexto latinoamericano al fin le toca a nuestra historia aportar su grano de arena.



El tema de la guerra o la paz no es reductible a la simple cesación bilateral de fuegos, no obstante tan necesaria. El tránsito a una paz estable y duradera implica remover y transformar el orden contrainsurgente de dominación, sus formas inmorales de acumulación, su política corrupta y el aprovechamiento de la guerra para acelerar la desposesión de los pequeños productores y la sobreexplotación de los trabajadores.


Es el punto final al modelo contrainsurgente de la guerra fría anticomunista impuesto a la América Latina por el imperialismo que los pueblos del continente han venido desmantelando y sepultando. En vano la ultraderecha uribista y militarista se empeña en revivir ese orden de antidemocracia, injusticia y desigualdad.


El Frente amplio se promueve como la alternativa de sociedad, de convivencia, de ética y de libertades a un mundo moribundo que se resiste a morir. Su fuerza impulsora es la necesidad de la unidad para asumir una función dirigente desde lo popular en el proceso de solución política por la vía del diálogo, los acuerdos, la construcción colectiva de una cultura para la paz, las reformas sociales y políticas que abran puertas a nuevas experiencias para el ejercicio de la vida ciudadana. Nada de lo atinente a la paz le es ajeno, pero la paz no es realizable sin entrar a resolver de fondo las causas críticas que alimentan la inconformidad social.


La unidad no existe en el aire. Necesita una base social en la convergencia dinámica de las fuerzas sociales del campo y la ciudad. La intelectualidad es factor generador de una cultura cimentada en la verdad histórica, que es en el fondo la historia de los humildes, de sus luchas, de sus héroes plebeyos y de su memoria.


Por eso el Frente amplio es lugar de encuentro de la lucha por la paz justa y democrática, que es el camino hacia la justicia social. Pero lo es simultáneamente de los procesos de movilización popular unitaria que tienen que remover las agendas anquilosadas, unilaterales y en crisis que sostienen el modelo económico y social neoliberal que la oligarquía santista y urbista considera “intocable”.


Es punto de partida de un diálogo abierto, explicativo, pedagógico, franco, destinado a develar la mentira, los prejuicios, el anticomunismo y a construir el escenario transparente de la batalla de ideas. Y es campo de experimentación en la construcción de poder popular y poder constituyente. Las propuestas que se abren paso en la izquierda y corrientes independientes de intervenir en los comicios departamentales y municipales de octubre de 2015 como espacios territoriales de consolidación de una salida democrática de la guerra atienden a la necesidad de contribuir a la solución de la deuda social que mantienen y ahondan las tiranías del terror de gamonales, paras y ultraderecha.


El horizonte de la paz es el horizonte de la democratización y la profundización de la democracia, de la igualdad política, del derecho a la vida y de un nuevo poder. El Frente amplio es el primer paso a la unidad del pueblo en la edificación de la nueva Colombia.


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