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| Revolución tunecina de 2011 |
Por: Juan Cole
Hay una lección obvia en la revolución tunecina de 2011: la paranoia acerca de los movimientos fundamentalistas y el terrorismo musulmán está haciendo que Washington tome malas decisiones que, en última instancia, perjudican los intereses y la posición estadounidenses en el extranjero. Los cables del Departamento de Estado a las capitales en todo el gran Oriente Medio, hechos públicos gracias a Wikileaks, muestran que los hacedores de la política de los EE.UU. tienen una imagen clara y detallada de las profundidades de la corrupción y el nepotismo que imperan entre algunos "aliados" en la región.
Hay una lección obvia en la revolución tunecina de 2011: la paranoia acerca de los movimientos fundamentalistas y el terrorismo musulmán está haciendo que Washington tome malas decisiones que, en última instancia, perjudican los intereses y la posición estadounidenses en el extranjero. Los cables del Departamento de Estado a las capitales en todo el gran Oriente Medio, hechos públicos gracias a Wikileaks, muestran que los hacedores de la política de los EE.UU. tienen una imagen clara y detallada de las profundidades de la corrupción y el nepotismo que imperan entre algunos "aliados" en la región.
