jueves, 20 de septiembre de 2012

Entrevista del Semanario Nuestra Propuesta de Argentina con el secretario general del Partido Comunista Colombiano

"HAY UNA NUEVA GEOGRAFÍA DE DESPLIEGUE DE MASAS Y DE LA ORGANIZACIÓN POPULAR": JAIME CAYCEDO

SEMANARIO NUESTRA PROPUESTA

Buenos Aires
"La acción, la movilización y la unidad de las fuerzas democráticas, de las fuerzas de izquierda, debe apuntar a respaldar la idea de que es posible una paz democrática en nuestro país, con justicia social y garantías, con memoria, con posibilidad de rescatar de la desigualdad a la inmensa mayoría del pueblo colombiano y buscar horizontes nuevos al calor de lo que está pasando en América Latina", recalcó el titular del Partido Comunista Colombiano (PCC), Jaime Caycedo Turriago que, entrevistado por Nuestra Propuesta, reflexionó sobre el panorama que se abre con la mesa de negociación habilitada entre el gobierno de su país y las Farc.


- A poco de que se hiciera público que se abría una mesa de diálogo y negociación entre el gobierno y las Farc, el ministro de Defensa de Colombia, Juan Carlos Pinzón, dijo que recibió instrucciones del presidente Juan Manuel Santos para "ganar la guerra por las buenas o por las malas". ¿Puede ser esta una señal de que comienza a agrietarse el sector de la burguesía que accedió a dar el paso hacia las negociaciones de paz o simplemente se trata de una bravuconada de Pinzón?

- Ellos han articulado, hasta ahora, una política de guerra para negociar en medio de la guerra y, por lo tanto, este punto es, aparentemente, la posición que el gobierno va a mantener. Pero también hay un gran clamor en Colombia, que pide que este punto sea uno de los primeros que se discuta cuando se instale oficialmente la mesa de negociación en Oslo y que comenzará a sesionar en noviembre en La Habana. Esto puede ser parte de la propaganda que mantiene el gobierno, especialmente el Ministerio de Defensa, como parte del compromiso con el sector militar que acepta que se abra un proceso de diálogo y de negociación a condición de que se mantenga la acción militar. En ese sentido, las bravuconadas del señor ministro de Defensa intentan consolidar este punto en el marco del proceso de diálogo que está empezando a abrirse.

- ¿Es viable avanzar en la negociación o ese tipo de posiciones puede obturarla en algún momento?

- El problema es que, realmente, este proceso de diálogo y de negociación se da en el medio de la guerra, una guerra muy dolorosa y extensa sobre el territorio colombiano. Recordemos la existencia de los llamados Plan de Consolidación (1) y Plan Espada de Honor (2), asesorados por el Comando Sur de EE.UU., con la presencia del general Stanley A. McChrystal (3). Pero uno de los grandes problemas que ha encontrado el gobierno en el desarrollo de la guerra, es que la población civil se ha levantado contra la guerra. Así pasó en el departamento del Cauca, zona multiétnica, muy rural, indígena, de población afrocolombiana y campesina, donde la población civil se levantó contra el ejército, contra la función de ocupación militar que el Plan de Consolidación pretende mantener. Ahí los trabajadores, los campesinos y los indígenas desmontaron las bases militares, las trincheras que las fuerzas militares habían establecido en el corazón de los poblados y, particularmente, en las plazas principales bajo el pretexto de proteger a la población, cuando en realidad, era la población la que estaba siendo utilizada como escudo humano de la fuerza militar.

Esto ha sido algo que hemos venido catalogando como una especie de crisis de la guerra contrainsurgente y, por lo tanto, estos levantamientos de la población civil y de los campesinos e indígenas se convierten en una nueva expresión de la resistencia social y popular contra el aparato de guerra que el Estado ha instaurado en muchas regiones del país, algo que no se limita sólo al Cauca.

- El pueblo hastiado por la guerra se convierte en un factor de peso…
- Por eso, la lucha por un cese al fuego bilateral y, naturalmente, con suficiente control de vigilancia puede ser una de las condiciones que se impongan desde el punto de vista de la presión social y popular. Insistimos en eso, lo hemos hecho público, se lo hemos dicho al presidente Santos en la reunión que la Dirección Nacional del Partido Comunista tuvo con él el pasado 31 de agosto, donde le expusimos nuestros puntos de vista sobre este proceso, reconociendo la importancia de que el gobierno haya dado este paso, pero señalando la necesidad de que debe tomarse en cuenta lo que está sintiendo en carne propia la población civil colombiana, que está profundamente golpeada por los bombardeos, por los grandes despliegues y los operativos militares, por la militarización de las regiones, por el establecimiento y entrega a los militares de todo lo que tiene que ver con los planes de desarrollo, desplazando a las autoridades civiles en muchos municipios. Todo eso es muy irregular y es esa resistencia, ese reclamo social y popular, lo que conduce a la posibilidad de un cese al fuego bilateral como uno de los elementos de este proceso de diálogo y de eventuales negociaciones del gobierno con la insurgencia.

- La historia de la búsqueda de la paz en Colombia es también una historia de fracasos y traiciones ¿Por qué habría que creer que esta vez el proceso puede avanzar en serio? Y, en tal caso, qué cambió en la burguesía o en el sector de la burguesía que hoy puede encarnar el presidente Santos y, además, ¿qué es lo que cambió en las Farc como para que se pueda pensar que estamos ante un proceso distinto a los anteriores? 

- Pienso que ambos aspectos son importantes. Nuestro 21º Congreso, que acabamos de realizar en julio, planteó con relación a esto que, en primer lugar, hay una situación socialmente nueva en el país por un desarrollo de grandes movimientos, marchas y movilizaciones populares contra el impacto del modelo económico y, particularmente, el modelo minero energético que está imponiendo el gran capital trasnacional. Pero, al mismo tiempo, todo esto vinculado a la protesta contra la represión, la violencia y el papel de las fuerzas militares como apuntalamiento de este modelo con base en una política de guerra. Esa misma política de guerra se aplica contra los trabajadores petroleros y de los de la palma africana de aceite, se aplica en las protestas contra los megaproyectos que están agrediendo a la ecología con el ánimo de entregar el territorio nacional al saqueo de las trasnacionales mineras, porque nuestro país siempre ha sido muy rico en yacimientos de oro. Todo esto desata la ambición de las trasnacionales y ha generado protestas sociales y grandes movilizaciones nacionales. Hay una nueva geografía de despliegue de masas y de la organización popular. A esto hay que sumarle el impacto que la crisis mundial capitalista tiene sobre la economía colombiana.

- ¿De qué manera incide esa crisis?

- Colombia es un país que tiene grandes defectos en su organización económica y social. A lo largo de los últimos diez o doce años, ha sostenido una cifra de desempleo que va del diez al catorce por ciento. No se puede decir que aquí hay un apaciguamiento social, ya que Colombia es uno de los países con mayor desigualdad en el mundo, inclusive estamos cotejados con algunos de África y, en el caso latinoamericano, figuramos en el tercer lugar después de Honduras y Guatemala. Estos fenómenos no son gratuitos: esa desigualdad se manifiesta en los niveles de ingreso de la población y en la distribución de la tierra. Además se ha acentuado en los últimos años con el desarrollo de la guerra interior, no es un fenómeno que haya mejorado ni al que se le esté encontrando una solución por la vía de la intervención militar de EE.UU. ni con el desarrollo del Plan Colombia que, por el contrario, han agravado estos fenómenos. Todo esto lleva a que sectores de la propia burguesía comiencen a reflexionar. Además, el gobierno de Uribe llevó a Colombia al más alto grado de aislacionismo en el hemisferio, particularmente, frente a los procesos de integración latinoamericana. Esto lleva a que sectores de la burguesía comiencen a pensar que ese camino no es una vía que conduzca a ninguna solución y, por lo tanto, la propia burguesía ha empezado a pensar que hay una necesidad de avanzar hacia una solución distinta, una vía de diálogo, quizá, con una vía de negociación. En el caso del movimiento guerrillero, particularmente las Farc, el comandante fallecido, Alfonso Cano, explicó claramente la reafirmación de la tesis de la solución política por la vía del diálogo y del acuerdo, planteó también una tesis sumamente interesante: Que el desarrollo y la solución de esta situación de guerra interior tiene que ser resuelta con la movilización y la participación de masas, de la población civil, reclamando que exista un nuevo horizonte de paz. Asimismo, nos parece muy importante el acercamiento de las Farc con los otros sectores de guerrilleros revolucionarios, particularmente con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que dijo que tiene interés de participar, junto con las Farc en un eventual proceso de negociación.



- Usted citó la participación de distintos actores sociales y políticos que protagonizan este proceso ¿Cuál es el papel que juega el Partido Comunista Colombiano?

- El Partido Comunista (PCC) ha sostenido de manera persistente la necesidad de una solución política por medio del diálogo, de acuerdos y eventuales negociaciones que hagan posible encontrar un horizonte distinto en la vida política y social colombiana. Por eso, el PCC ha saludado todas estas grandes movilizaciones sociales de la Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos, de las mingas sociales y comunitarias y las de distintas expresiones de los movimientos populares que son un rostro de ese país que está emergiendo en todas estas resistencias y luchas por avanzar hacia una vía que conduzca a la solución política del conflicto. Esto abrió una puerta a la intervención política y social de muchos sectores que, hasta ahora, han aparecido como movimientos en el plano puramente reivindicativo. En esto hay coincidencias y convergencias interesantes, en que los grandes problemas del país están, necesariamente, vinculados al tema de la solución de la paz o la guerra y que esta situación de guerra civil no puede prolongarse porque, indudablemente, se están perdiendo demasiadas vidas, recursos humanos y potencialidades del orden social y económico que están invertidas en sostener un sistema absolutamente inequitativo y profundamente desigual que no tiene futuro. Este sistema está siendo cuestionado por la inmensa masa de la sociedad colombiana que quiere algo mejor y distinto. Por eso, el PCC tiene este papel, en este momento, y estamos tratando de estar a la altura de la responsabilidad.

- ¿Se puede interpretar que, de algún modo, el presidente Santos le da la espalda a la doctrina de seguridad que trata de imponerle a la región EE.UU. y se acerca a la posibilidad de articular con la nueva doctrina de defensa y seguridad que se está empezando a gestar desde la Unasur?

- Creo que no sería exacto pensar así porque, de alguna manera, Santos está muy vinculado con el proyecto de reelección de (Barak) Obama y de esa corriente demócrata de EE.UU. que, recordemos, se llevó en extradición al general (Mauricio) Santoyo (4), jefe de seguridad de Álvaro Uribe durante los ocho años de su gobierno, quien estuvo al frente de la relación con el paramilitarismo. Se lo llevaron por su vinculación con el narcotráfico y, allá, le cambiaron la sindicación para mostrarlo como vinculado al paramilitarismo y, sobre esa base, lo han puesto a confesar para que pueda adquirir favores judiciales en ese país. EE.UU. está, solapadamente, dándole una mano a Santos, aparentemente, en la búsqueda de algún tipo de salida en el caso Colombia que le garantice mantener los factores del Plan Colombia, la intervención militar del Comando Sur, la presencia de tropas y de asesores estadounidenses en bases colombianas, la utilización de los puertos de Cartagena, en el Caribe, y Bahía Málaga, en el Pacífico, por parte de la Cuarta Flota. Por eso creemos que, en esto, no hay cambios sustanciales, aunque se busca facilitar una salida muy controlada y muy manejada por la oligarquía colombiana, con la presencia y permanencia del intervencionismo militar del Comando Sur. Por otro lado, desde luego que Santos ha tenido un acercamiento a la Unasur y a la Celac, de hecho incluyeron al señor (Sebastián) Piñera entre los observadores del proceso de diálogo y de negociación junto con Cuba, Noruega y Venezuela, en razón de que Chile preside en este momento la Celac. De manera que hay un cierto acercamiento hacia América Latina, un acercamiento que incluye a Venezuela y Cuba como actores de este proceso. Digamos que, en este sentido, el gobierno de Santos camina con los dos pies para no aislarse. No hay grandes cambios, pero sí una postura más realista en relación a los cambios en América Latina y a la necesidad de la solución política para una paz democrática en Colombia, como una necesidad que trasciende las fronteras de Colombia y que tiene, necesariamente, que vincularse a nuestro vecindario fraternal en la búsqueda y acompañamiento, en la observación y vigilancia sobre un proceso que, ojalá, pudiera conducir a una situación distinta en relación a la guerra.

- ¿Quién gana y quién pierde con este proceso que se abre, tanto en Colombia cómo en la región y en el hemisferio?

- Creo que pierde la ultraderecha, pierde el fascismo, el narcoparamilitarismo, de alguna manera, vinculado políticamente al mantenimiento de la situación de guerra y de militarización de las regiones. También pierden los sectores que, en el ámbito internacional, en el propio imperialismo, se han dedicado a tratar de usar la guerra interior colombiana como una herramienta contra los procesos democráticos y los cambios que se están produciendo en América Latina. Esto es algo que, todavía, está en sus inicios, no sabemos cuántas vueltas vamos a dar en este trompo, pero de todas maneras, quienes ganan en este caso son el pueblo colombiano, las posibilidades de América Latina y los sectores que han apoyado la lucha por la paz. Pero debemos estar alerta y en un acompañamiento activo, porque lo que está en juego tendrá repercusiones muy significativas para todos y todas.
Notas
(1) Se trata de la segunda etapa del Plan Patriota que comenzó el 17 de setiembre de 2004 y buscó desarticular las estructuras de las Farc en zonas rurales.

(2) Operación Espada de Honor es un programa de acción represiva de las fuerzas armadas colombianas, lanzado este año con el objetivo de reducir a la mitad la capacidad operativa de las Farc. Está concatenado con los planes Colombia, Patriota y Renacer.

(3) El general (r) Stanley McChrystal fue el más alto comandante de EE.UU. en Afganistán, jefe de la Otan, estuvo también en Irak al frente de distintas operaciones y, recientemente, viajó a Colombia invitado por el gobierno de ese país para asesorar al Ministerio de Defensa.

(4) Mauricio Santoyo, general de la Policía Nacional (r.), fue uno de los protegidos de Uribe, de quien fue jefe de seguridad. Extraditado a EE.UU. el 20 de agosto de 2012, ante una Corte de Virginia, reconoció que ayudó a la banda paramilitar conocida como Autodefensas Unidas de Colombia.

AGENDA ABIERTA EN CASA DE NARIÑO DURANTE REUNIÓN ENTRE DIRIGENTES DEL PCC CON SANTOS

El presidente Juan Manuel Santos recibió en la Casa de Nariño a los dirigentes del
Partido Comunista Colombiano. En la gráfica, el mandatario con Jaime Caycedo,
secretario general del PCC; la senadora Gloira Inés Ramírez
y el dirigente Carlos Lozano, director del semanario Voz.
(Foto Presidencia de la República de Colombia).
 
"Nos pareció sincero", respondió Jaime Caycedo cuando NP lo consultó sobre la impresión que se llevó del presidente Santos con quien se reunió el se realizó el 31 de agosto en el Palacio de Nariño, en Bogotá. Y añadió: "El hombre es un jugador complejo", pero "habló con franqueza", en un encuentro en el que se trataron temas puntuales, con profundidad y de manera distendida.

La reunión que se extendió durante una hora y media, también tuvo como protagonistas al director de Voz, el órgano de prensa del PCC, Carlos Lozano, y a la senadora Gloria Inés Ramírez, así como el secretario general de la Presidencia, Juan Meza Zuleta, y el secretario privado, Juan Carlos Mira.

El mandatario colombiano invitó a la delegación del PCC a continuar con el diálogo y señaló que va brindar todas las garantías constitucionales y legales a los movimientos sociales y políticos de oposición y a impartir instrucciones para evitar la estigmatización de la protesta social, de cara a las movilizaciones que se avecinan y al proceso que se inicia.

Por su parte, entre otras cosas, la delegación del PCC manifestó la inquietud que despiertan "equivocados señalamientos contra la Marcha Patriótica que han surgido del ministro de Defensa y del comandante de las Fuerzas Militares que ponen en riesgo, no sólo la supervivencia del movimiento, sino la propia seguridad de quienes participamos de él o muestran simpatía frente a su desarrollo". Y, tal como lo refirió Caycedo "manifestamos la necesidad de que los mecanismos de protección dispuestos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que benefician a militantes del PCC, sean restablecidos de forma inmediata, a lo cual el primer mandatario respondió afirmativamente".

Nuestra Propuesta, Buenos Aires, septiembre de 2012.

No hay comentarios:

Publicar un comentario