lunes, 8 de mayo de 2017

La izquierda está creciendo


René Ayala, coordinador de Prensa Rural y presentador del lanzamiento, junto a Jaime Caycedo, secretario general del PCC. Foto Óscar Sotelo.


Semanario Voz

La visión del Secretario General del Partido Comunista Colombiano a propósito del lanzamiento del libro titulado Colombia: la hora de la verdad. Notas sobre el libro de Carlos Lozano, lanzado el pasado 3 de mayo en el marco de la Filbo 2017.


Aquí el discurso:

Agradezco la oportunidad de comentar este ensayo del camarada Carlos Lozano, que se añade a sus importantes libros ya publicados. Debo decir que representa un esfuerzo de reflexión serio sobre la izquierda, sobre su papel y su relación indisoluble con el proceso de solución política para la paz. No es un libro de teoría política. Es un libro sencillo, breve pero profundo. Comprende una presentación, un prólogo, tres capítulos y un bloque de anexos que corresponden con notas editoriales y artículos de opinión publicados en los últimos años y meses. Abarca un periodo crucial de alrededor de 40 años que incluye la desaparición del campo socialista, la crisis del movimiento comunista internacional, los procesos de diálogo anteriores y los momentos de unidad.

El vínculo entre la solución política y la izquierda o viceversa es quizá el eje más significativo de este ensayo. A diferencia de otros trabajos del autor que han partido de la génesis de la resistencia a comienzos de los años 60 este empieza por un examen más reciente, el derrumbe del socialismo real y las experiencias unitarias que los comunistas han trajinado como esfuerzos fundadores de un reagrupamiento ideal del pueblo en función de cambios y transformaciones revolucionarias. La más cercana de estas experiencias fue la del Polo Democrático Alternativo, la de sus gobiernos y la de sus limitaciones en el contexto de la institucionalidad municipal capitalina. También las veleidades de los aliados que han pretendido utilizar a la izquierda, servirse de sus inexperiencias y debilidades para alimentar proyectos de acumulación capitalista burocrática y parasitaria, dentro de lo que hoy es motivo de repulsa y escándalo en torno el tema de la corrupción.

El texto lleva a pensar la identidad de izquierda. Se trata de concebirla en su diversidad, vale decir, su pluralismo y el significado de los debates de ideas en los que los investigadores contemporáneos de la politología, en Europa y América Latina responden a la pregunta de qué izquierda podemos hablar, o qué es o qué significa ser de izquierda. Esta reflexión alude al contenido social de las concepciones y prácticas en la izquierda, su batalla por la igualdad, el contenido emancipatorio de sus luchas, su accionar por la plena libertad, la identidad revolucionaria, su relación con los enfoques marxistas. En esencia, cómo desde una definida postura de compromiso se examina y comprende la realidad colombiana y cómo se desenvuelve la necesaria relación con el pueblo en tanto es parte inseparable de tal compromiso.

Un segundo atisbo del libro es que las condiciones en las que había tenido que actuar la izquierda desde mediados del siglo XX a hoy están cambiando y por lo tanto esto está obligando a la izquierda misma a cambiar, es decir, a adecuarse a sus nuevas condiciones, a aceptar su crecimiento innegabley a adaptarse a los nuevos datos de la realidad. No puede tratarse sólo de un aggiornamento cosmético para disfrazarse detrás de las tendencias de moda. Más que eso a lo que el libro invita esa que los distintos núcleos de la izquierda, o las distintas sensibilidades que en ella se representan, olas distintas tendencias que puedan reflejar sus cauces evolutivos, tomen conciencia del momento histórico, de las potencialidades que éste encierra y del secreto a voces que representa para esta metamorfosis posible de la izquierda, el desenvolvimiento exitoso del proceso de implementación de los acuerdos de paz y de los compromisos para que cesen la guerra sucia y la política de exterminio que reiterativamente el régimen o los regímenes han ofrecido como alternativas de post conflicto.

Algunas afirmaciones son claves para comprender el momento, cito: “… hay condiciones para un bloque contrahegemónico que por vía democrática y electoral realice “el asalto al cielo” cómo hicieron los bolcheviques hace cien años por la vía de la insurrección popular”. Y, más adelante afirma: “La unidad de la izquierda es un logro posible, equivalente a una conquista democrática del país. Pero de una izquierda renovada, siempre con principios y con ambición de poder (…) el postulado de principios no implica cerrar las posibilidades a la unidad más amplia para avanzar en el camino de la democracia y los cambios sociales. Un gobierno de transición en esta etapa histórica supone la defensa del acuerdo de La Habana y los diálogos en Ecuador, como también un programa común de reformas sociales y políticas avanzadas que la sociedad demanda para fortalecer el Estado social de derecho que permita superar la desigualdad en la esfera de lo social.”

La izquierda está creciendo y puede hacerlo mucho más con un quehacer político acertado, de apertura y unidad, pero a la vez de firmeza revolucionaria. Ese es el principal temor del sistema. Álvaro Uribe lo ha reconocido, le teme más al hecho supuesto de que las FARC puedan ganar en votación. Sacude el fantasma del anticomunismo para atemorizar los espíritus y llama a la defensa alarmada del establecimiento..

Pero para nosotros, los de la izquierda que hemos luchado durante tantos años el reto consiste en asumir la opción que se nos ofrece como destino posible y que se manifiesta en las oportunidades de la unidad. Sólo en siete cortos años de esta década pasamos de vivir en 2012 la frustración de la división del Polo en el momento mismo en que irrumpía Marcha Patriótica como experiencia esplendorosa de movimiento social y de expresión política, desde la regiones más recónditas del país. En julio de 2013, la Sección Quinta del Consejo Estado se vio obligada a reconocer la injusticia que había representado la suspensión de la personería jurídica de la Unión Patriótica en el año 2002, porque procedió a restituírsela y, en consecuencia, la Unión Patriótica ha resurgido como un puente histórico de reagrupamientos, de despertares para la lucha aun en los marcos limitado del régimen. Y en 2017 la reincorporación del contingente de las FARC bajo la forma del compromiso político y de la creación de un movimiento o partido que le dé expresión y salida a los acuerdos para la paz, genera a la vez un nuevo núcleo de inmensa gravitación para la izquierda.

Si todos estos momentos de sumatoria se pueden combinar en un empuje renovado y creador de unidad para sacar adelante la batalla democrática de esta paz con justicia social, sin duda la izquierda estará haciendo uno de sus aportes más trascendentales a la historia del país. En la izquierda no hay enemigos y nuestra mano está tendida.


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