miércoles, 24 de febrero de 2016

No a la arrogancia y no al miedo a la paz

Por Jaime Caycedo Turriago

Nuevas líneas rojas, presiones y órdenes huecas ante los países garantes recuerdan que el gobierno quiere cultivar la imagen de “guerra ganada” y que Obama esté presente para la firma el 23 de marzo ¿a cuenta de qué?



Los pasos de Santos en términos del proceso de diálogo son torpes y equívocos. En el fondo el gobierno le teme a la pedagogía de la paz. La manguala con RCN y Caracol quiere reducirla a la vieja incitación al exterminio y al genocidio bajo el mote de proselitismo armado, el que no le prohiben al paramilitarismo aliado del poder. El miedo a la verdad, el miedo a la oposición democrática, es el miedo a que los de abajo levanten la voz y se decidan a apurar el cambio.


Santos manifiesta en la Universidad de los Andes que las FarcEP tampoco llegarán al poder a través de la lucha política porque tienen ideas atrasadas y “mamertas”. Para él es un enorme sacrificio aceptar que puedan participar en la vida política, que aspiren a ganarse la opinión. Que estén alejados de las “modernas “ideas neoliberales y fascistoides que campean en las alturas del poder. Es claro que a Santos no le gusta la izquierda que lucha por una opción de sociedad distinta, igualitaria, humanizada y democrática. Le duele que no piense con las ideas de la aristocracia bogotana, nacida en cuna de oro, derechista hasta los tuétanos y enredada en todas las madejas de la corrupción.


El proceso de paz transita su tramo más difícil. Hay que estar alerta y vigilantes. Y hay que respaldar las voces de la inconformidad que crecen, no en contra de la paz sino de una política económica para la minoría privilegiada, corrupta y ventajista agazapada en el poder que se ha lucrado de la guerra y ha acumulado con el despojo. El paro del 17 de marzo es justo y la unidad una honrosa tarea de la izquierda y de las fuerzas populares.

Un gran acuerdo nacional que comprometa a todos los estamentos con la paz nacional y las garantías democráticas es necesario. Pero no puede ser alrededor de Santos, ni de su arrogancia, ni de su plebiscito ni de su manejo unilateral del proceso paz pactado bilateralmente. Por eso, la izquierda avanzada y revolucionaria no se siente excluida del aquelarre montado ayer en la Casa de Nariño por el señor Santos. Simplemente ese no es el escenario del encuentro que rodee la solución política que espera el pueblo colombiano.


Jaime Caycedo Turriago

Secretario General

Partido Comunista Colombiano


Bogotá, febrero 24 de 2016



No hay comentarios:

Publicar un comentario