viernes, 10 de julio de 2015

Persistir en la exigencia del cese al fuego bilateral ya

Voceros de la Comisión Negociadora del Gobierno en La Habana.
Jaime Caycedo Turriago

El discurso oficialista del jefe de la Delegación de Paz del gobierno muestra la conciliación estratégica de la oligarquía bajo la presión del uribismo y del alto mando militar y el temerario viraje hacia la intensificación de la guerra que fragiliza y pone en riesgo la continuidad del diálogo.



El gobierno ha divulgado su estrategia en el proceso de paz con las FARC-EP a través de una entrevista pagada en los diarios por parte del jefe negociador Humberto De la Calle. Plantea la amenaza de levantarse de la Mesa con la excusa de que “la paciencia de los colombianos se agota”, argumento que oculta la responsabilidad oficial en la doble ofensiva, militar y mediática, que pone en crisis el avance de los diálogos.


Los costosísimos operativos, bombardeos y propaganda de guerra, dirigida a la desmovilización de la insurgencia que satura la televisión y la radio son la dosis cotidiana de guerra que acompaña las conversaciones de paz. Consciente y metódicamente se muestra a la guerrilla como la única responsable del escalamiento, única culpable del daño ambiental, como si la confrontación tuviera un solo protagonista. Se insiste en la “última oportunidad”, en la inminencia del desastre y a la vez en la solución militar como representación de la victoria del establecimiento. La paz es así reducida al sometimiento en lo que se grafica como una derrota militar y política de la rebelión.


En esta lectura hay un mensaje profundamente antidemocrático y autoritario, en una coyuntura cuyo mérito no es exclusivo del gobierno. Olvida De la Calle que hay un mandato sancionado en las urnas un año atrás gracias al cual Juan Manuel Santos fue reelegido, que existe un Acuerdo de La Habana que postula no levantarse de la Mesa hasta alcanzar soluciones, y que el tema de la paz o la guerra no pueden resolverlo las encuestas. A la pregunta de cómo y a qué ritmo avance la paz no responden fórmulas fáciles. La Agenda ha avanzado bastante y debe continuar a paso firme y sin interrupciones.


El discurso oficialista del jefe de la Delegación de Paz del gobierno muestra la conciliación estratégica de la oligarquía bajo la presión del uribismo y del alto mando militar y el temerario viraje hacia la intensificación de la guerra que fragiliza y pone en riesgo la continuidad del diálogo. La antidemocracia tiene nombre claro: Plan Nacional de Desarrollo, ampliación del fuero militar, reforma del código de policía, permanencia impune del paramilitarismo, represión frente a la inconformidad social.


Lo nuevo es que el gobierno reconoce que el cese al fuego bilateral es posible antes de la suscripción de acuerdos, lo que es un progreso importante. Reconoce de hecho la crisis de la guerra como instrumento de presión en medio del diálogo y la creciente movilización popular por el fin de las hostilidades. No obstante lo condiciona a los campos de concentración tipo “Ralito” que propone Uribe y a que la insurgencia acepte la justicia transicional.


El Frente Amplio, las fuerzas unitarias de la izquierda y todas las vertientes cívicas comprometidas con la paz tenemos autoridad para exigir del gobierno pasos afirmativos para el desescalamiento, el cese de los bombardeos y operaciones ofensivas, el desmantelamiento del paramilitarismo, la depuración de las estructuras represivas, la reivindicación de la verdad histórica, los derechos de las víctimas y las garantías de que no se repitan nunca más ni la persecución por razones ideológicas ni el exterminio de la izquierda. Al cierre de la edición los países garantes y acompañantes llamaron a las partes a un cese bilateral de fuegos.

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