jueves, 11 de julio de 2013

Alcance y visión de una declaración común

La breve pero significativa declaración suscrita por los primeros comandantes del ELN y las FARC EP, dada a conocer el 1 de julio próximo pasado, expresa una voluntad política compartida de grandes alcances para la realidad colombiana actual. En ella las dos organizaciones revolucionarias expresan su compromiso con el “objetivo de alcanzar una sociedad democrática, incluyente, soberana y en paz” e invitan al pueblo “a trabajar unido y a movilizarse en esa dirección”.


Una lectura por fuera del contexto podría traducir el escrito como simple retórica. Sería ignorar que la declaración sintetiza en realidad acuerdos largamente trabajados y que representan, como lo reconoce el mensaje, la superación de un prolongado período de diferencias y roces en regiones del país hoy escenario de procesos sociales de reconciliación, reencuentro y propósitos comunes. Pero, sobre todo, sería desconocer el ambiente político, de movilización popular e intelectual suscitado a raiz de los diálogos de paz de La Habana a cuyo marco necesariamente alude.

La esencia del documento plantea la tesis de que la solución política del conflicto interno armado “pasa por la ineludible necesidad de adelantar conversaciones con toda la insurgencia colombiana”. Por primera vez en el presente siglo, en el contexto de un proceso de diálogo se postula un ensanchamiento de los alcances de la solución política a través de la ampliación del campo de participantes que se propone extender a toda la insurgencia colombiana. Independientemente de la respuesta que el gobierno está dando a esta exigencia, más allá de los estrechos cálculos tácticos de los asesores estadounidenses curtidos en Afganistán, esta nueva realidad representa un primer reto muy fuerte de cara a la opción de una paz democrática, justa y transformadora.

Esa paz tiene un nombre claro que la distingue de los vanos empeños de la “paz exprés” a cambio de un paquete de promesas. Se trata de una “Paz con Dignidad y Justicia Social” destinada a tener un impacto civilizador en la nación y el continente. Como lo señalara el presidente Mujica de Uruguay lo que se está construyendo es la paz de América Latina. Por eso disuenan tanto los tumbos de Santos haciendo acuerdos con la OTAN o prestándose a juegos desestabilizadores contra Venezuela.

Subraya la declaración que esta paz tiene que ser obra del pueblo unido. Mas no como un cumplido hueco. Destaca la importancia de buscar la unidad de todas las fuerzas políticas y sociales empeñadas en lograr cambios profundos en la sociedad. Este llamado constituye un segundo reto que es preciso comprender y asumir.


Jaime Caycedo


Secretario General del Partido Comunista Colombiano.

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