viernes, 13 de abril de 2012

Declaración del Comité Central del Partido Comunista Colombiano, integrante del PDA.

CONVERGENCIA POPULAR POR PAZ, DEMOCRACIA Y SOBERANÍA

El pleno del Comité Central, reunido en Bogotá los días 30, 31 de marzo y 1 de abril aprobó las Tesis del 21 Congreso el PCC, resaltó los ejes principales de la línea política en desarrollo y puntualizó las orientaciones frente a la unidad, la protesta social y la movilización por la paz.


La disputa popular frente al proyecto hegemónico.

La estrategia del régimen bajo el gobierno de Santos ha consistido en reunir a la derecha y el centro alrededor del botín del poder, en torno de la llamada “unidad nacional”, para intentar limpiar su imagen de complicidad con el narcofascismo; cooptar y neutralizar sectores del sindicalismo, de las víctimas del desarraigo rural y núcleos de la centro-izquierda; y desprestigiar para golpear a la izquierda, particularmente al PDA. Con ello busca acelerar la institucionalización antidemocrática complementaria de la sostenibilidad fiscal y el Plan Nacional de Desarrollo, imponiendo la voluntad oficialista en la reforma a la justicia, el fuero militar, la reforma tributaria regresiva y el estatuto agrario en beneficio de terratenientes, megaproyectos de inversionistas extranjeros y exportadores. En la medida que se agrandan las dificultades para su reelección, Santos hace nuevas concesiones a la derecha extrema, como en el caso de la Fiscalía, las exigencias de los altos mandos, los cambios en el gabinete o su discurso de favorecer la paz sin renunciar a la victoria militar.

La coalición gobernante transluce las tensiones en la derecha, entre la agenda de Santos y la presión que ejercen los sectores más extremistas de la U y el partido conservador, con la instigación permanente de Álvaro Uribe, preocupados por preservar la impunidad en los graves escándalos de Agroingreso seguro, las “chuzadas” y los vínculos con el narcoparamilitarismo. El núcleo dirigente de la llamada Unidad nacional se apoya en el sector santista de la U, el Liberalismo oficialista, Cambio radical y la vertiente colaboracionista del partido Verde. El  PIN aspira a ser admitido en la coalición de gobierno.

El partido verde muestra signos de desagregación desde su ingreso a la Unidad nacional, el retiro de Mockus y la entrada al gobierno de su presidente. Estos deslizamientos hacia el régimen contrarían los propósitos de sectores jóvenes que se sumaron precipitadamente a los verdes en la coyuntura presidencial de 2010. Una actitud inteligente es atraerlos a la política unitaria de la izquierda.

Proyectos como el Mira y Asi expresan, en ocasiones, alguna independencia crítica. Pero no reflejan proyectos alternativos al régimen.

El Polo aparece como única fuerza política de la oposición.  Sus importantes debates no han logrado afectar la recomposición hegemónica dominante. Maniobras de exclusión, como la elección del Consejo nacional electoral o el apoyo a la llamada disidencia “progresista” muestran que la coalición de gobierno es un activo protagonista en la estrategia de desarticular la oposición democrática y pretender validar a la derecha uribista como la única oposición discrepante.

Es en el contexto de la disputa con la recomposición social y política del proyecto de dominación  de la derecha en la actual etapa de la vida nacional, desde donde se deben abordar las tareas y los debates relacionados con la lucha social, y los esfuerzos unitarios en el campo democrático y revolucionario. La responsabilidad del Polo se acrecienta en esta circunstancia. O asume una vía de rectificación, autocrítica, reafirmación unitaria como izquierda alternativa al régimen y se abre a trabajar con nuevas fuerzas populares o corre el riesgo de aislarse y favorecer los juegos perversos del caudillismo y el oportunismo.

Incidencia de la crisis mundial en la situación nacional.

Este perfil del régimen político colombiano se reproduce y agrava en el marco de la profundización de la crisis capitalista mundial y de las condiciones de subordinación económica, militar, política, judicial y cultural a las imposiciones del imperialismo. Las  dictaduras financieras, impuestas por el Banco Central europeo en Grecia e Italia y por la derecha de Rajoy en España; la guerra, la ocupación militar y la creación del Africom en Libia; las amenazas de guerra contra Irán, los despliegues de provocaciones en Siria, los pasos para el control y sometimiento de las “primaveras” árabes; la hostilidad hacia la Venezuela bolivariana o los procesos nacionalistas democráticos en America Latina; muestran la disposición del imperialismo estadounidense de agredir la soberanía de los pueblos y colocar en riesgo la paz mundial poniendo en marcha su maquinaria bélica y su poder disuasivo nuclear.

Tal es el papel de la IV Flota naval, como una presión amenazante en América Latina, el Caribe y las costas oceánicas. Y es el papel del Plan Colombia, de las partidas presupuestales del Pentágono, de la ocupación de bases militares y navales, de la presencia directa del Comando sur y de los jefes de brigadas traídos desde Afganistan para reducir la insurgencia en un 50% en dos años, incluyendo el uso de aviones no tripulados.

La Cumbre de las Américas que excluye a Cuba, a la que no acudirá Ecuador en un gesto de dignidad y protesta, resalta la sumisión de Santos al imperio, su obsecuencia a las exigencias del gran capital transnacional empeñado en implementar el TLC y el propósito de crear un escenario al lanzamiento de Obama a la reelección presidencial y, de paso, promocionar la suya propia.

Las “alianzas estratégicas” con el capital transnacional en torno del modelo económico que reune el TLC, las “locomotoras” del desarraigo agro minero asociadas al saqueo de las reservas petroleras, de gas, agro combustibles,  la entrega de grandes extensiones del territorio y el deterioro de las condiciones de vida de inmensas mayorías trabajadoras, se aseguran con la protección del Ejérito a las inversiones transnacionales y la ayuda militar yanki para proteger oleoductos. Fiel a la tradición sangrienta de la oligarquía Santos busca anticiparse al creciente descontento popular, producto del agotamiento de la “prosperidad” proclamada, la crisis del neoliberalismo como política de Estado, el desafío a las capas medias con la universidad pública con ánimo de lucro, el más alto desempleo del hemisferio, el colapso de la salud y de la inversión social.

Se agudiza la contradicción principal de la sociedad.

Colombia figura como el tercer país con mayor desigualdad social en el mundo. Casi un cuarto de siglo de neoliberalismo, ha acentuado los rasgo de la segregación social, extendido la pobreza rural y urbana, incrementado la delincuencia, la descomposición y la desesperanza en las jóvenes generaciones a la par que la intolerancia desde el poder, las prácticas de la llamada “limpieza social”, las ejecuciones sumarias y las violaciones de los derechos humanos. La tendencia objetiva del sistema dominante es a la agudización de la contradicción fundamental de la sociedad colombiana: entre el régimen autoritario, criminal y militarista, vinculado a los intereses financiero-terratenientes y proimperialistas y los intereses, aspiraciones democráticas y emancipatorias del conjunto de la sociedad, ante todo los trabajadores y capas sociales populares.

El mapa de la lucha de clases moviliza nuevas fuerzas sociales contra la explotación capitalista, la ausencia de libertades políticas y sindicales, el desconocimiento de los derechos de las comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas. La ampliación en extensión territorial, coincidente con los enclaves extractivistas asociados al gran capital transnacional y la incorporación de nuevas categorías sociales a la inconformidad, la protesta y la rebeldía a la hostilidad del Estado convierte cada vez más estas expresiones de lucha en formas de la resistencia popular a la guerra contrainsurgente como factor principal de contención y represión social. Su valor es esencial para el crecimiento del movimiento popular porque ensanchan desde lo popular el espacio de la política y la intervención consciente e independiente de una izquierda joven en vías de hacer su propia experiencia en la batalla por democratizar al país, conquistar la paz con justicia social y establecer un nuevo poder verdaderamente del pueblo.

La paz en el centro de las decisiones políticas.

Afirmamos que se está conformando una situación nacional donde el tema de la paz se va a colocar en el centro de la vida política. Hay signos ciertos de una decisión de hacer la paz en recientes documentos de la insurgencia, que se acompañan de gestos unilaterales de liberar prisioneros o la decisión de no realizar nuevas retenciones económicas. Significaría que existe la posibilidad de dialogar con propósitos concretos de avanzar. La  derecha y el gobierno, solo conciben la rendición y la desmovilización como contenidos del diálogo y la negociación. Las nuevas tácticas ofensivas anti insurgentes, con bombardeos y matanzas en masa tratan de imponer el terror disuasivo como proyecto de pacificación y muerte. Señalan una aceleración perversa de la guerra. Y también una intensificación de sus aspectos políticos, sociales, represivos y publicitarios, más allá del campo de batalla. Es el caso de la criminalización del estudiantado para presentarlo en vínculo con el terrorismo.

El escenario de un eventual proceso de paz, requiere de una correlación de fuerzas favorable. Por lo pronto, dicha correlación continúa favoreciendo a la derecha y al militarismo, como lo muestran los casos de la Fiscalía, del fuero y de las maniobras de Uribe para proteger a sus excolaboradores y sus tropelías. La intervención popular en la defensa de sus derechos pero también en exigencia de libertad política y de resistencia a la violencia amparada en el poder, tiende a devenir en lucha contra la guerra anti insurgente como política de Estado. La extensión creciente de la lucha social es un nuevo factor material contra la guerra que puede convertirse en una gran fuerza a favor de la paz. La lucha de clases en el nuevo mapa social de las regiones, las carreteras, las huelgas y las marchas no en vano ha contrarrestado el tratamiento agresivamente contrainsurgente agenciado por el régimen.

En consecuencia, la lucha por una paz digna se debe colocar al centro de las preocupaciones del movimiento popular, y no dependerá exclusivamente de la disposición de las partes, sino sobretodo, de la capacidad de presión y acompañamiento que desde la movilización social y política de la izquierda y los sectores democráticos se logre conseguir. Se torna imperativo actuar para vencer los obstáculos que limitan y neutralizan la búsqueda de una paz vinculada con las grandes urgencias del cambio democrático, la reforma agraria, las libertades, la justicia social y la soberanía. Esto implica ir al fondo de las contradicciones de la izquierda, de sus definiciones, su independencia del poder y su compromiso con el pueblo.

El reto es claro: ¿Cómo unir a la izquierda en una propuesta afirmativa y activa en el tema de la paz, conocidos los temores, los prejuicios y las amenazas? ¿Cómo persuadir sobre la necesidad de ampliar el espectro de aliados que comprenden la necesidad de superar el estado de guerra civil permanente y darle un contenido político democrático a la batalla por la paz? Llegar a este punto no será asunto automático ni inmediato. Va a requerir de múltiples esfuerzos y pasos persuasivos.

El 21 Congreso y el debate estratégico en la izquierda.

La preparación del 21 Congreso está inmersa en un vasto debate ideológico, interno y externo al PCC. Está relacionado con el futuro del país, con la dura necesidad de superar el estado de guerra como estado permanente y como instrumento de la dominación de clase. Una de las más serias diferencias en la izquierda incumbe a la prioridad o no en la lucha por la paz, que algunos subvaloran o miden en estrechos raseros de cálculo.

En este aspecto, la ideología maniquea del militarismo disfrazado de falso civilismo, el macartismo encubierto en la extrema polarización, manipulada desde el poder y, en ocasiones, también los errores de la insurgencia han favorecido el transformismo y el inmovilismo en sectores de la izquierda frente a la lucha por la paz.

Este debate no debe verse como algo negativo o inconveniente. No solo es necesario, sino que es el único camino para aclarar las ideas esenciales a la construcción del proceso de unidad que hoy requieren las luchas populares.

Lo importante es tocar los ángulos cruciales y realistas pertinentes. No podemos resolverlo todo, de una buena primera vez. Es evidente que las experiencias de unidad atraviesan un momento de dificultad. Algunos sectores pretenden señalar al PCC como comprometido en una política ambigua, errática, carente de consecuencia. No advierten que el PCC propone ampliar las formas, las metodologías y los alcances de lo que hasta ahora se ha avanzado en materia unitaria. La experiencia del POLO es la que mayores avances, expectativas y logros le ha aportado al pueblo colombiano en el plano político. Pero atraviesa un período de crisis recurrente y continuada, con predominio de la idea de que las discusiones ideológicas sobran ante los apremios pragmáticos ligados al cálculo electoral.

Pensar que este estado de cosas ya no responde a las necesidades de la realidad, que han ido surgiendo opciones de ampliación de la izquierda en lucha frente al sistema, que merecen ser reconocidas y con las cuales es preciso entablar el diálogo en perspectiva de convergencias y unidad de acción posibles, no significa ni deslealtad ni traición. No es comparable el fenómeno de las fuerzas sociales que asumen decisiones del actuar político en confrontación con el régimen desde la lucha democrática, con programas avanzados y métodos de trabajo de masas, con las sucesivas traiciones a que nos acostumbraron los Garzón o Petro, convertidos en voceros del régimen o en disposición de conciliar con él.

Las nuevas posibilidades de la unidad son complejas, no lineales, susceptibles de generar inquietudes e incomprensiones. Cabe trabajar con seriedad, persistencia, abnegación y paciencia. Trabajar sin desmayo, debatir con argumentos pero poniendo el acento en la persuasión. El camino que proponemos no es ni mucho menos fácil. Tenemos que aclarar al propio PCC que hemos de dar la batalla en el Polo, dentro del Polo, por sus rectificaciones y por su fortalecimiento, con sincera decisión. Hay que elevar la autoridad del PCC como fuerza unitaria del Polo. El debate actual tiene como referentes la Conferencia Ideológica del Polo, previa o en relación con su tercer Congreso Nacional.

Participación y posición en la Conferencia Ideológica del POLO

Estamos en un nuevo momento de los procesos unitarios, de los que el POLO ya marcó una primera experiencia, la más importante en el nuevo siglo. Ella consiste en el logro de una forma de unidad política, que ha abierto una posibilidad de reagrupamiento a fuerzas de una izquierda plural, con acervos variados, susceptible de enriquecer las relaciones y las opciones de acción del Polo. No obstante, existen diferencias reales que muchas veces afloran en aspiraciones individualistas y se tornan en contradicciones irreconciliables. Una tendencia originaria en el Polo ha justificado de distintas formas y en diferentes momentos el acercamiento con el establecimiento. Una segunda ha defendido con radicalidad la oposición al régimen, a las imposiciones imperialistas con base en el TLC y el intervencionismo militar yanki, la necesidad de ligar al Polo con las luchas sociales como parte de su carácter estructural. El PCC no oculta sus afinidades con la segunda tendencia, pero reafirma la centralidad del tema paz o guerra como dilema crucial vinculado a la necesidad de reformas sociales.

La crisis del POLO obliga a un re examen de su experiencia, en dos sentidos: a) la necesidad de reafirmar el carácter de izquierda del proyecto político y social, opositor – alternativo, comprometido con el impulso de las luchas populares, abierto a las convergencias sin abandonar sus objetivos transformadores; b ) la revisión crítica y autocrítica de las conductas asumidas por voceros, gobernantes y dirigentes en la vida real, las contradicciones internas, el formalismo organizativo, la separación dirección – base, la arrogancia en los estilos y la relación con la gente, los retrocesos electorales, entre otros aspectos.

El PCC persiste en el Polo porque tiene la convicción de que este puede superar sus dificultades si avanza en la “identidad de objetivos, de métodos democráticos y de convivencia de proyectos afines para las transformaciones sociales y políticas”, como señaló el pleno de noviembre de 2011. Y agregó: “las propuestas de la izquierda no son incompatibles con la unidad más amplia, el respeto a la diversidad y el rechazo al sectarismo”. El PCC no aspira a un Polo a su imagen y semejanza, aspira a un proyecto amplio y abierto, dispuesto a sacar al país del estado actual de guerra, desigualdad, sometimiento y antidemocracia.

La crisis exige, asimismo, una reflexión sobre la forma organizativa en la que se enmarcan los acuerdos fundamentales, la participación del conjunto de las fuerzas integrantes y de los miembros de base en las decisiones. El PCC ha sostenido que el POLO surgió como un proceso unitario en construcción, una coalición sociopolítica original con opción de ser el eje identitario de convergencias más amplias. La crisis de los partidos, incluidos los de la izquierda,  indica que no pueden seguir siendo solo agencias electorales, que sus relaciones con las luchas y los conflictos sociales no se tramitan solo por medio de las antiguas “correas de trasmisión”. Las regiones exigen más incidencia en las decisiones nacionales y en la conducción permanente. Ningún sector político quiere verse excluido de las mismas. Las normas estatutarias no deben regir solo la forma de lucha electoral. La experiencia enseña que la unidad no puede ser ni acrítica ni estar sujeta al espíritu de cuerpo. Deben existir cláusulas de excepcionalidad para sancionar irregularidades notorias frente a la ética y medios para resolver los desacuerdos cuando estos implican diferencias con principios o con el Ideario de Unidad. 

Hacia mayores convergencias con la lucha popular.

El PCC ha mostrado de modo práctico y real su disposición de dialogar, acompañar, participar dentro de sus posibilidades, en los distintos nuevos procesos en curso. Su idea de una unidad de mayor cobertura, coincidente con las tendencias a la radicalización de las luchas populares que se vienen expandiendo en lo territorial y en lo social, coincide también con la hipótesis del crecimiento plural de una izquierda joven, que se esfuerza por actuar dentro de los estrechos límites de la democracia gobernable.

El reconocimiento de las nuevas realidades incluye al Congreso de los Pueblos, la Marcha Patriótica, el Comosoc, la Minga social y diversos otros procesos regionales, etnosociales, obreros, culturales y campesinos. Marcha Patriótica y Congreso de los Pueblos tienen en común el vínculo con las regiones, con sectores agrarios, laborales y juveniles, con miradas diversas sobre enfoques y metodologías, con una clara vocación movilizadora de masas. Minga social tiene raíces en sectores indígenas, rebeldes a la cooptación y al papel nefasto de las ONG. Comosoc se ha apersonado de la lucha por la salud, entre otras, como esfuerzo de sectores de creyentes y laicos. Junto al sindicalismo de la CUT, la CTC y la Confederación de Pensionados de Colombia participan de la Coordinación Nacional de organizaciones sociales y políticas, que antes se llamó Comosocol, en la que participan el Polo y el PCC.

Al valorar las dinámicas y posiciones unitarias de estas organizaciones así como las afinidades programáticas y sus esfuerzos de coordinación con los sectores de la izquierda, ante todo con el Polo Democrático Alternativo, el PCC piensa que no se trata de procesos o movimientos puramente gremiales o corporativos sino que, a la dimensión socio territorial, regional o etnosocial que los informa, se agrega una visión política de temas estratégicos para el pueblo colombiano.

Las plataformas que levantan confrontan el modelo neoliberal, con sus implicaciones de expoliación y desarraigo, por medio de la violencia desde el poder y el narcoparamilitarismo. Denuncian el TLC y los megaproyectos asociados a las “locomotoras” agromineras e integran a su accionar la denuncia y la movilización al respecto. Asumen la acción por la salud, la educación, el trabajo, la tierra, como parte esencial de la batalla por el rescate de derechos básicos arrebatados por la privatización, la deslaboralización y la expropiación de los trabajadores. Los derechos de la mujer, de los jóvenes, del estudiantado, han encontrado eco y apoyo solidario. Además, como hecho notorio y sustantivo, se observa como rasgo transversal la común preocupación por los asuntos de la paz o la guerra, las consecuencias de esta última en las comunidades, la necesidad de sustraer la búsqueda de la paz al monopolio excluyente del poder presidencial o de las solas relaciones gobierno – guerrilla, para hacer de la paz democrática una necesidad de la nación.

La posición del PCC frente a la Marcha Patriótica.

El PCC ha hecho explícita su disposición de trabajar en unidad de acción política con los movimientos sociopolíticos que surgen en las luchas del pueblo, bajo el principio de no subestimar ningún proceso que apunte a la unidad y de apoyar solidariamente aquellos procesos que lo pidan o lo consideren útil. Esta actitud se funda en el compromiso moral y político de ampliar las bases sociales de la unidad, de no promover el paralelismo competitivo entre procesos unitarios y, por el contrario, reforzar el propósito colectivo para conformar una unidad política sin exclusiones hacia la izquierda y con el respeto de las entidades construidas con el esfuerzo común de muchos sectores a lo largo de muchos años.

El PCC no reconoce enemigos a la izquierda. Por eso no menosprecia el protagonismo de nuevos sujetos para actuar en la lucha sociopolítica de masas. Pone en consideración la idea de que no está dentro de sus prioridades construir otro partido político de la izquierda, en el cual confluyan, mecánicamente, todos los procesos existentes. Tampoco es su política el voluntarismo vanguardista, sobre todo cuando los escenarios de una lucha colectiva de dirección estratégica aún están por construirse.

En el caso de la Marcha Patriótica, la dirección del Partido Comunista Colombiano   ha valorado la decisión de este proceso de constituirse en un movimiento social y político concebido en un contexto unitario y espera que pueda contribuir al fortalecimiento de las convergencias entre las distintas fuerzas del movimiento popular.

La izquierda en el marco de las tareas del momento.

La ampliación de las posibilidades de la movilización popular democrática para la paz con justicia social, con libertades y reformas sociales avanzadas va a depender del fortalecimiento de la izquierda, en sus posiciones más comprometidas y consecuentes. El momento actual responde a la consigna de “convergencia popular por paz, democracia y soberanía”.

En ese espíritu el PCC ha propuesto al Polo que asuma la iniciativa de liderar una política de convergencias, abierta y desprevenida con los procesos emergentes, sin que eso excluya una política de alianzas hacia sectores que se desprenden del establecimiento. Así mismo, alienta a las organizaciones sindicales, culturales, comunitarias que participan en la Coordinación Nacional de Movimientos Sociales y Políticos para fortalecer los escenarios comunes de coincidencia programática al calor de las movilizaciones populares en preparación.

Propone al Polo construir una agenda común de todos los procesos unitarios para la lucha y movilización social de masas.

Propone que dicha agenda incluya concertar escenarios de convergencia programática en torno de objetivos transversales que interesan a crecientes sectores ciudadanos: la educación pública y gratuita, la salud pública y gratuita, la paz con justicia social, la reforma agraria integral, la tierra y el territorio, los derechos de las víctimas, el rechazo a los megaproyectos, los derechos de los trabajadores, etc.

Propone, además, que esa discusión aborde también, desde los escenarios posibles, bilaterales o multilaterales, las condiciones en que la izquierda pueda dar una nueva presencia y sentido, a la actuación, la ética y las alianzas de la lucha electoral y la perspectiva presidencial de 2014.

Ante la necesidad del Polo de realizar la Conferencia ideológica se propone convocar con el apoyo de otras corrientes unitarias un seminario ideológico conjunto, que aporte ideas e iniciativas.

De su parte, se propone participar en el Consejo Patriótico Nacional como PCC y establecer un acuerdo de unidad programática y convergencia política con la Marcha Nacional Patriótica  en el marco de un propósito de trabajo conjunto y de aproximación a otras fuerzas. Dicho acuerdo debe partir del balance de la experiencias de trabajo adelantadas en distintos eventos, movilizaciones, marchas, encuentros, en el trabajo juvenil y estudiantil como también en las elecciones parlamentarias de 2010 y 2011. El PCC propone  valorar, con franqueza, respeto mutuo y fraternidad, los esfuerzos emprendidos, los métodos de trabajo y coordinación unitarios y un examen igualmente franco de los resultados.

El PCC aspira también a proseguir su acercamiento y seguimiento a los puntos de coincidencia con el Congreso de los Pueblos y la Minga social, en particular sus importantes iniciativas sobre Congreso educativo y Congreso por la paz.

Propone impulsar donde existan condiciones capítulos de Colombianos y Colombianas por la Paz con agendas de actividades amplias.

Finalmente, continuará apoyando las propuestas acordadas en la Coordinación nacional de movimientos sociales y políticos entre ellas las que apuntan en dirección a la movilización del 1 de mayo, del paro cívico y demás expresiones de la protesta ciudadana.


COMITÉ CENTRAL
PARTIDO COMUNISTA COLOMBIANO
INTEGRANTE DEL PDA

Bogotá, Abril 1 de 2012

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