viernes, 4 de febrero de 2011

Razones Para la Esperanza: El debate necesario

H.C. Jaime Caicedo
Al culminar enero de 2011 se despeja el más probable horizonte de sucesos en la vida colombiana para los meses que siguen. Sus rasgos generales podrían figurarse así:

-       el gobierno Santos se presenta en el marco continental como una versión contrainsurgente moderada que mejora sus lazos con América Latina consciente de que ni Colombia ni el resto del continente entran en las prioridades de Washington en este año.

-       La diferenciación relativa en aspectos políticos – que no en el conjunto de la política de clase y de seguridad - con Álvaro Uribe deja traslucir que el régimen no persiste en la línea aventurera anterior de apoyo al contra ataque de la derecha a los procesos democráticos latinoamericanos

-       en lo interno, es claro el énfasis de Santos en las seudo reformas, la concentración de las regalías y ahora la intervención a las CAR so pretexto de la emergencia invernal. La cruda y perversa sostenibilidad fiscal pretende convertirse en la columna vertebral del gasto social. El telón de fondo de la crisis capitalista global se expresa en Colombia con el desempleo general y juvenil más altos del hemisferio, según OIT y Cepal

-       se reafirma la función mediatizadora y demagógica del vicepresidente en relación con las reivindicaciones sindicales y las relativas a los DDHH

-       el régimen persiste en el contra ataque al Polo buscando su desarticulación mediante el desprestigio en la mira de recuperar la administración de Bogotá. La campaña es principalmente mediática pero se agrega a los procesos de judicialización, espionajes, amenazas y asesinatos

-       es probable que desde los primeros meses del año avance la convergencia de los movimientos socio regionales y étnicos con el Polo y otros sectores opositores e independientes sobre puntos clave de la lucha en torno a los derechos de las víctimas, la restitución de tierras, los mega proyectos, el salario, la salud, los derechos laborales y la sostenibilidad fiscal

-       un tema esencial de la agenda democrática tendrá que ser el de las liberaciones, los acuerdos humanitarios, el diálogo y la solución política

El Polo reune su dirección nacional el 4 y5 de febrero para definir sus líneas de acción y sus propuestas para potenciar la movilización popular unitaria y el proceso de elecciones locales del 30 de octubre.

Bajo este marco general de coyuntura queremos examinar dos problemas de extraordinaria actualidad para la izquierda colombiana que encarna la oposición real al régimen y a la mascarada santista pero que, además, postula construir una alternativa democrática, popular y avanzada al estado de cosas que martiriza a la inmensa sociedad colombiana.

La vieja nueva guerra sucia de la derecha.

El primero es el significado de la ofensiva de los aparatos ideológicos y represivos del Estado hacia el Polo. Para algunos, es simple paranoia izquierdista, síntoma de debilidad y marginalidad. Sin embargo, la observación cuidadosa muestra la impresionante parcialidad que expresan los medios junto a la creciente lista de valores negativos agregados que califican y orientan interpretaciones tendenciosas. En los últimos tiempos los temas de Bogotá, la movilidad, la contratación y las denuncias sobre corrupción ocupan los principales titulares. La condenación de los presuntos responsables no espera los fallos de los organismos competentes. Los medios magnifican como héroes o víctimas a los individuos en trance de abandonar el Polo y empeñados en liquidarlo. Toda aclaración o postura que provenga de la dirección legítima es descontextualizada con pinzas y sometida a la sospecha. La conclusión que inducen al lector, escucha o televidente es: el Polo es corrupto, la izquierda también roba, se colectiviza y generaliza la calificación a todas las fuerzas y personas vinculadas a la organización indiferenciadamente como si se tratara de una entidad mafiosa. Al mismo tiempo, se le exige al Polo expulsar al alcalde y a su hermano como si tal decisión heroica purificara automáticamente y sin consecuencias políticas la situación.

La burguesía en Colombia ha patentado un estilo terrorista de “decapitación” de la oposición popular organizada cuando sospecha que puede alcanzar la calidad de una oposición antisistémica con legitimidad de masas. Coopta ofreciendo dádivas y coopta matando. Y lo que no puede cooptar busca eliminarlo. La mentalidad de los dominadores ha retrocedido al nivel del fascismo. Estamos bien lejos de la consigna minimalista de López Pumarejo y López Michelsen de que los comunistas tenían derecho a “un lugar bajo el sol”. Aquí se busca desarticular y disolver el Polo. No se atreven hoy a usar el viejo método que practicaron contra la Unión Patriótica y el Partido Comunista. El desprestigio mundial del Estado colombiano por las distintas formas de guerra sucia con los dirigentes populares y la lucha de las fuerzas democráticas para denunciarlo obliga a los dueños actuales del poder a inventar nuevas formas.

Bogotá es el escenario de una disputa singular entre los representantes del “partido del orden”: Santos y Uribe. El análisis táctico les aconseja crear una bipolaridad ficticia, en la que solo pueden creer los ingenuos o los ilusos. Ahora resulta que la verdadera oposición de Santos es Uribe. Que la alianza de terratenientes, narco paramilitares y transnacionales de la agro minería y el petróleo que se ha parapetado en la ultra derecha uribista objete, con base en la seguridad de los grandes privilegios, algunas medidas de indemnización y restitución de tierras no califica como progresista al gobierno de Santos ni como oposición democrática a los determinadores detrás de los escuadrones de la muerte.

Diferencia, ruptura y unidad: a qué herencia renunciar.

Lo anterior nos lleva a un segundo problema: el de la legitimidad del Polo de cara al pueblo y la necesidad de las rectificaciones que impone la gran responsabilidad de ser una fuerza política significativa en la capital. Santos y Uribe se confrontan en cuanto a candidatos a la alcaldía de Bogotá pero están totalmente identificados en el objetivo táctico y estratégico a la vez de derrotar el Polo en Bogotá. Uribe trata de forzar al partido de la Unidad nacional a apoyar al precandidato del partido verde, lo que conlleva el estallido de esta entidad política por la línea de su fractura congénita: el derechismo de la corriente peñalosista entre los verdes.

El Polo no es una fuerza homogénea, proviene de experiencias políticas diferentes, unas más que otras influidas por los vicios tradicionales de la herencia bipartidista. Pero como proceso unitario en construcción no está condenado a no reflexionar en torno a sus experiencias de gobierno reales, repensar sus formas de actuar y rectificar su estilo.

Criticamos la tendencia de los gobernantes del Polo a no gobernar con dirigentes, cuadros y técnicos de izquierda en el desarrollo de sus proyectos de gobierno. La tendencia a conciliar desde adentro del gobierno local con los aparatos del control político tradicional y con los contratistas que absorben y monopolizan la mayor parte de los dineros del estado como operadores de todas aquellas obras públicas que el Estado ya no realiza porque las ha entregado a manos privadas en el marco de la reestructuración neoliberal del Estado. La poca importancia a la organización del Polo a nivel popular, a nivel local, a nivel de los espacios de intervención de base, más allá de los momentos electorales desde las directrices de gobierno, precisamente por temor de que las bases sociales del Polo se conviertan en fuerzas de presión para el cumplimiento de los objetivos democráticos planteados programáticamente por el movimiento en el desarrollo de la lucha por el gobierno. Y criticamos la deformación que consiste en usar las responsabilidades en el Estado como parte central de los negocios privados, como un medio de acumulación burocrática al amparo de las prerrogativas del poder, violentado el verdadero interés general.

La propuesta de poder del Polo tiene que modificar sustancialmente estas conductas equivocadas que desnaturalizan los objetivos transformadores de la lucha de la izquierda. Sin esa rectificación esencial el Polo defraudaría a su militancia y a sus seguidores más esclarecidos y sacrificados. Se alejaría del pueblo real y no sólo del que se identifica en el voto. Haría mucho más difícil la alianza con la nueva izquierda popular, proletaria, rural y etnosocial que se está incorporando a la lucha activa.

La responsabilidad duramente ganada por el Polo de representar un proceso unitario plural exige este cambio de enfoque. El futuro gobierno del Polo en Bogotá partirá de todo lo ganado en los últimos ocho años de administración. Los importantes avances en la educación pública universalizada, la lucha contra el hambre en los comedores populares, los colegios, las personas mayores. Los logros en la salud, en promoción y prevención, en atención básica, en salud al hogar. El apoyo a los vendedores ambulantes. El sistema integrado del transporte y los pasos firmes al desarrollo del Metro.

Pero no podría ocultar los errores y omisiones derivadas de un estilo de gobierno que desconoce el colectivo de la organización, que se parcializa hacia el sector exclusivo del gobernante, cuando el esfuerzo para alcanzar el triunfo fue tan plural como las fuerzas que integran el Polo. Nada autoriza a privilegiar exclusivamente a los aliados vergonzantes provenientes del partido liberal, que contribuyeron, ciertamente, pero no para avasallar a la fuerza dirigente. Y nada autoriza a entregar a las corrientes contrarias de la coalición burocrática de gobierno cargos decisivos en la ejecución de las políticas públicas diseñadas desde el Polo.

El futuro gobierno del Polo exige una afirmación, pero también una clara diferenciación con lo anteriormente anotado. La unidad del Polo como proceso unitario reclama esa diferenciación, que puede desarrollarse en distintos grados, pero exige una ruptura clara con un estilo de gobierno que ha hecho crisis y que no le pertenece. En efecto, es preciso renunciar a una herencia ajena al Polo, la herencia de la vieja politiquería de la derecha, de los negocios privados desde la política, de la complicidad con el modelo neoliberal de privatización del Estado y la desaparición de lo público. La invitación a pensar, a dialogar, a debatir, no riñe con la fraternidad, el reconocimiento y la camaradería entre todos los y las activistas que han decidido permanecer, defender y contribuir a fortalecer el Polo. Esta misma actitud es la requerida para la discusión franca con los aliados que comprendan la importancia de forjar el instrumento político para el poder democrático que el pueblo está urgiendo.


Jaime Caycedo Turriago

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