jueves, 9 de diciembre de 2010

SahArauca

Sahara con la que se vive en Colombia  los niños violentados
Por: Juan Cendales

Estremecidos de dolor y de rabia, y de impotencia, escuchamos en Sevilla el testimonio de hombres saharauis víctimas del terror del régimen marroquí. Hablaron de las redadas indiscriminadas, de las torturas y las humillaciones a que son sometidos, de las violaciones de sus mujeres, de los juicios sumarios ilegales con que se les castiga por el solo hecho de ser saharauis y no renunciar a ello. Con voces melancólicas y adoloridas nos hablaron de sus sueños de libertad e independencia, de la paciencia con que durante veinte años han esperado que se cumplan las resoluciones de las Naciones Unidas para que se complete el proceso de descolonización del país. Y con firmeza señalaron la responsabilidad del estado español en lo que les está ocurriendo. Hablaron de que cada muerto, cada torturado, cada preso, cada desaparecido, cada niño sin escuela y sin pan es responsabilidad de quienes en aras de intereses estratégicos consienten y permiten los desafueros represivos y la limpieza étnica, el genocidio a que son sometidos.


También hablaron activistas españoles que han estado en los campamentos de refugiados. Los que levantaron una pancarta por el Sahara libre frente a las narices de los opresores y fueron detenidos y ultrajados. De quienes se escondieron en los campamentos y desde la oscuridad mandaron mensajes al mundo contando los horrores y bestialidades de la policía marroquí contra este pueblo condenado al hambre y la sinrazón.

Una de las activistas españolas hizo un pequeño paréntesis en su relato para comparar la situación del Sahara con la que se vive en Colombia y habló de los niños violentados y descuartizados por un soldado enfermo de guerra, hambriento de sangre y sediento de crueldad. Un soldado hijo de la seguridad democrática uribista.

Sahara, un territorio lleno de fosfato, de sardinas y otras riquezas viviendo en la miseria y en medio de la violencia exterminadora. Como Arauca, llena de petróleo, de pobreza y de violencia. Pueblos llenos de muerte y de dolor. Pero también de resistencia y dignidad. Sahara, el África no descolonizada. Arauca, emblema de la Colombia violentada, retratada en Jenny, la pequeña violada, y descuartizada junto a sus pequeños hermanos en un intento de los asesinos por ocultar su canallada, multiplicada por los generales que con declaraciones irresponsables buscan desviar la investigación y culpar de los hechos a las propias víctimas.

Y de la misma manera que el sátrapa Mohamed no es condenado en razón de “intereses estratégicos” de los estados europeos, el estado colombiano tampoco lo es en razón de los mismos intereses. Es decir de las inversiones, los negocios y las estrategias geopolítica.

El delegado del Polisario en sentida intervención dijo que los culpables y sus cómplices no escaparán del juicio de la historia. Algún día pagaran por los crímenes. No importa que hoy la llamada comunidad internacional los arrope y los proteja.

La fuerza de la lucha de los pueblos, la solidaridad de los pueblos y la cobardía de sus crímenes algún día los llevarán a los tribunales

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