jueves, 2 de diciembre de 2010

Las malas intenciones

Por Redacción PCA

El estallido de revelaciones que ha hecho el hacker-espía norteamericano-australiano juega a varias bandas.

Por un lado sus publicaciones, a las que no se sabe cómo tiene acceso, porque según él es un ex agente de inteligencia, tienden a perjudicar y desacreditar la gestión Obama, lo que denota inspiración e impulso de los grupos de ultraderecha norteamericanos amparados tras el visible Tea Party.


Por otra parte devela cómo el gobierno Obama y todas las gestiones norteamericanas consideran a cada país como territorio de ingerencia propia, como suele decirse, patios traseros. Por ejemplo, califica al actual gobierno argentino como “impermeable al consejo ajeno”. Claro, se trata del consejo del gobierno yanqui, lo que, si así fuera, habla a favor del gobierno nacional.

Otros que se aprovechan son los grandes medios concentrados en nuestro país, que se anotan en campaña mediante los informes chismosos de la embajada norteamericana.

En el primer caso, las denuncias sobre espionaje del gobierno norteamericano son inocuas con relación a la verdadera política que esta llevando a cabo la actual administración Obama, caracterizada por maniobras militares incesantes, venta de armas, alianza férrea con Israel para destruir a la población palestina, satélites espías, reinstalación de la Cuarta Flota y puesta a punto de bases militares, de las que Haití es la víctima más dolorosa, ya que se hace todo por destruir a los seres humanos, dejando libre el terreno para que la isla sea un portaviones seguro para los propósitos imperiales.

En lo que hace a la lectura que se infiere de los documentos publicados, es útil para ver con claridad los reales propósitos norteamericanos, de control sobre los gobiernos de la región y de generación de fricciones en lo que es el más importante dato de la política internacional, el agrupamiento de naciones latinoamericanas con propósitos de autonomía y respaldo mutuo mediante el Mercosur, la Unasur, el Alba.

En cuanto al otro implicado, el poder mediático concentrado, aprovecha a titular con las murmuraciones de los informes dados por verdaderos por la secretaria de Estado Hillary Clinton y se apresura a disparar munición contra el gobierno, en tanto la oposición de derecha y los factores reales de poder tratan resolver su confusa situación.

En todo caso, lo que sí está claro es que para nuestro país la receta recomendable es la de la independencia nacional, la autonomía para acuerdos regionales que favorezcan a nuestros pueblos, dejar de lado las oscilaciones ante problemas como el de la llamada “lucha antiterrorista”, los deslices ante los organismos financieros internacionales, ante la diplomacia norteamericana, el gobierno de Israel y la de los gobiernos de la Otan.

Nos encontramos ahora en plena crisis capitalista, una crisis civilizatoria, así se ve en estos días, la camándula es una parte de ella, pero el problema es el capitalismo.

El camino es el de la radicalización frente a los intentos restauradores y las amenazantes lecturas de la diplomacia yanqui, la unidad amplia de las izquierdas y sectores democráticos y populares puede influir, y si puede, debe, para iniciar un cambio de época.

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