viernes, 10 de diciembre de 2010

Italia: entrevista con Gabriele Polo, director editorial de Il Manifesto, histórico diario comunista en peligro de cierre

Manifiestamente a favor de Il Manifesto

Gorka Larrabeiti

Gabriele Polo (San Canzian d'Isonzo, 1957) es un periodista italiano. Fue director de Il Manifesto desde 2003 hasta 2009. Actualmente es el director editorial de esta cooperativa histórica, además de columnista y reportero. Lo entrevistamos a propósito de la delicada situación que vive este diario fundamental en el panorama informativo italiano, y no sólo.

Justo ahora que tocaría celebrar el 40 aniversario de un periódico que todavía se reconoce como “Cotidiano comunista”, corréis el peligro de tener que cerrar. Explícanos, por favor, en qué situación se encuentra Il Manifesto actualmente.

El gobierno de centroderecha ha cancelado la ley que regulaba la financiación pública de las publicaciones sin ánimo de lucro así como las publicaciones de los órganos de partidos o movimientos abrogando su “derecho subjetivo”; es decir, ha acabado con la certeza de una financiación anual que se establecía conforme a la relación entre copias impresas y copias vendidas. En el caso de Il Manifesto se trataba de 3.800.000 euros al año. Luego, tras muchas presiones del mundo de la información y la política, la mayoría parlamentaria instituyó un “fondo” para las editoriales que financia de año en año los periódicos que funcionan como cooperativas y también los diarios políticos, según la disponibilidad de las arcas del Estado. Así pues, nuestra financiación pública ya no es segura, sino que depende de la contingencia económica y queda sometida a la voluntad política del gobierno de asignar o no esos fondos. He aquí el porqué de nuestro peligro de cierre, pues esa financiación constituía en torno al 25% de nuestro balance (el resto consiste casi exclusivamente en ventas: la publicidad supone solo el 10% de los ingresos). Por el momento hemos conseguido sortear ese peligro gracias a las suscripciones, a una campaña de abonos extraordinaria y a la refinanciación otorgada a las editoriales a última hora.

Se habla de despilfarro. ¿Por qué la financiación pública de la prensa escrita es justa?

Para financiar las cooperativas editoriales y sin ánimo de lucro (o sea, las que carecen de editor, se autogestionan y tienen finalidad no de lucro sino ideológica) haría falta una nueva ley que cancelara los abusos cometidos en el pasado reciente (periódicos “falsos” que no se distribuían en los kioskos, o “falsas” cooperativas que escondían quiénes eran los verdaderos propietarios). Pero el principio de la financiación pública de la información es sagrado, ya que la información no es una mercancía cualquiera, sino parte de la democracia de un país. Es un bien que se ha de proteger. Un Estado debe garantizar el pluralismo allí donde el mercado -cada vez más feroz y competitivo- deja de garantizarlo... Vamos que un periódico, una radio, una televisión o un sitio de Internet no se pueden comparar con un automóvil, un frigorífico o un ordenador personal, porque si responden sólo a la relación costes-ingresos, se pervierte la función que han tenido los medios de comunicación en la formación de la opinión pública, los derechos y los poderes desde la Revolución Francesa hasta hoy.

Esta crisis vuestra tiene un origen doble. Por un lado deriva de la crisis de la izquierda; por el otro, de la crisis de la prensa en papel. ¿Cómo ha pensado afrontar ambos problemas Il Manifesto?

Il Manifesto es un espejo de la izquierda italiana y de su capacidad o incapacidad para vehicular valores y proyectos. En este sentido, nuestra crisis se inscribe totalmente en la crisis de transformación que afecta al sistema de la comunicación y a la izquierda europea. No hay una solución mágica para responder a las nuevas relaciones que se han formado en la circulación de ideas entre medios en papel y medios informáticos, como tampoco la hay para salir de las dificultades políticas en las que está inmersa la izquierda. Lo que hace falta es estudiar a fondo la cuestión para que, por un lado, el papel y el sitio interactúen; y por el otro, se apunte hacia una reconstrucción de la cultura y la práctica anticapitalista. La única condición para todo ello es evitar cerrazones sectarias (tanto en el uso de un medio en detrimento de otros como en el sentido de pertenencia a una de las muchas escuelas de pensamiento marxistas o libertarias) gracias a las cuales la izquierda occidental ha creído siempre que se salvaría en momentos de gran transformación y crisis. Habrá que acompañar todo esto con la curiosidad y la crítica de los poderes fuertes que caracteriza a la parte mejor del oficio del periodista.

Leyendo las intervenciones de vuestra última asamblea destaca la idea de un peródico militante.

El periódico militante es, precisamente, el fruto de una búsqueda constante que evite la propaganda, dé voz a quien no la tiene, y construya una cultura crítica de lo que existe. Del capitalismo, vaya.

Rebelión es una experiencia militante que parte de un principio no económico (nadie gana nada; todos trabajamos cuanto podemos y como como podemos). ¿Es posible trabajar con profesionalidad siendo periodistas militantes? ¿Qué problemas ves en esta opción?

El peligro del periodismo militante es caer en la propaganda. Si se mantiene una independencia con respecto a las organizaciones (sindicales o políticas), el periodismo militante sólo puede ser bueno, incluso cuando se exagera o se cometen errores. Además, mejor equivocarse que estar homologados ante un panorama de información servil.

Dos preguntas sobre la actualidad. Primera: ¿Qué línea editorial ha adoptado vuestro periódico para afrontar el caso Wikileaks? Y si es posible, un juicio personal tuyo sobre el hecho de que se filtrara la información a los grandes periódicos (Le Monde, El País, Der Spiegel...).

Más allá del peso relativo de las “revelaciones” que ha hecho, lo que más me ha estimulado del asunto Wikileaks es su capacidad de haber apuntado con el dedo contra el secreto de Estado y habernos contado todas esas miserias de las que se alimenta la diplomacia internacional. En cuanto al hecho de que la información se la hayan pasado a los grandes periódicos es bastante obvio por qué ha sido así: es una cuestión de “peso”.

Y segunda cuestión actual. El presente italiano tiene una fecha: 14 de diciembre, día de la moción de confianza contra el gobierno Berlusconi. ¿Cómo ves el presente y el futuro inmediato?

A mí me interesa mucho más el 15 de diciembre. El voto contra Berlusconi para nada resolverá la situación italiana. Primero porque no está claro que Berlusconi vaya a caer; pero, sobre todo, porque el berlusconismo está muy bien arraigado en los poderes y en la sociedad italiana. Y es que brilla por su ausencia una representación política que constituya una alternativa.

Rebelión debe mucho a Il Manifesto. Hay más de 200 artículos traducidos de vuestras páginas. ¿Qué podemos hacer para echaros una mano en este momento delicado para vosotros?

Seguid traduciendo lo que os parezca más interesante. Y muchas gracias por hacerlo.

No, querido Gabriele, gracias a Il Manifesto por todo lo que nos ha enseñado en estos años. Y si nuestros lectores desean contribuir a que este monumento, herramienta o receta cotidiana de combate ideológico siga en pie, aquí encontrarán información
para hacerlo.


Rebelión

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