lunes, 13 de diciembre de 2010

Falsos positivos, intervención directa de E.U. y espionaje a países vecinos, otros hechos graves que revela Wikileaks

Álvaro Uribe Vélez y William Brownfield
Los cables revelados hasta ahora por Wikileaks sobre Colombia dejan en claro el alto grado de injerencia que tiene el gobierno de Estados Unidos en el país y, en consecuencia, el rol de primera línea que juega la embajada norteamericana en Bogotá.


Aunque los medios de comunicación colombianos se han centrado en divulgar las sospechas que tenía el general Óscar Naranjo, director de la Policía sobre la presunta responsabilidad de Bernardo Moreno y José Obdulio Gaviria, dos de los más cercanos colaboradores del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, sobre el delicado tema del espionaje telefónico a quienes consideraban “enemigos” del gobierno, las comunicaciones confidenciales de la Embajada estadounidense en la capital colombiana, dan cuenta de otros hechos de igual o mayor gravedad.

Falsos positivos

Un cable de febrero de 2009, que transcribe conversaciones entre el embajador norteamericano William Brownfield y el general Carlos Suárez, inspector general del Ejército, nombrado por el entonces Ministro de Defensa Juan Manuel Santos para investigar los denominados “falsos positivos”, deja en claro lo siguiente:

1. El general Suárez considera que las ejecuciones extrajudiciales son un fenómeno de grandes dimensiones en el Ejército, no un asunto de unas manzanas podridas.

2. La cultura de ‘contar bajas’ además de vínculos con criminales y narcotraficantes propició los falsos positivos; que oficiales dentro del Ejército montaron una campaña para intimidar a los oficiales y los civiles que querían depurar al Ejército.

3. Este cable compromete seriamente al general Óscar González. No solo cuenta que Suárez dijo que el comandante del Ejército impidió que sacaran de la institución a decenas de oficiales corruptos que él identificó sino que, además, “trató de intimidar testigos para que no testificaran acerca de los homicidios cometidos por la Brigada 11 en Sucre” y limitaba los recursos de su oficina.

4. Suárez cuenta, además, que militares retirados como Mario Montoya y Rito Alejo del Río “estaban trabajando con políticos de derecha como Fernando Londoño para bloquear iniciativas de derechos humanos de Juan Manuel Santos”, entonces Ministro de Defensa. Y cita como ejemplo una columna periodística de Londoño.

5. El otro dato interesante de este cable es que Suárez dice que “el Presidente Uribe sigue viendo el éxito militar en términos de bajas, dejándolo vulnerable a los argumentos de algunos oficiales y políticos que dicen que el énfasis del Ministro (Santos) en derechos humanos está perjudicando la guerra.”

6. Dos meses después de la conversación con Suárez, el embajador Brownfield reporta una reunión con González para manifestarle el interés del gobierno de Estados Unidos en que se le refuerce la capacidad investigativa al Inspector General Suárez y que se permita llegar al fondo del asunto de los falsos positivos.

7. El General Freddy Padilla de León, comandante de las Fuerzas Militares le pide ayuda a la Embajada norteamericana para identificar a los militares responsables de las ejecuciones extrajudiciales dentro de su misma institución. El embajador afirma que le contesta: “no queremos sustituir el debido proceso en Colombia o debilitar la capacidad y la responsabilidad de ustedes mismos de regularse”.

Gobierno de Uribe solicitaba intervención norteamericana

Lo sorprendente de la lectura de los 18 de los 2.500 cables publicados por Wikileaks sobre Colombia es que más que una injerencia directa de Washington en los asuntos internos de Bogotá, era el propio gobierno de Uribe Vélez el que solicitaba en forma por demás insistente un alto nivel de intervención de la embajada norteamericana. No, como se podía pensar, en temas como la lucha antinarcóticos o incluso contrainsurgente, sino en los asuntos internos del país.

Funcionarios cercanos al Presidente utilizaban al propio embajador Brwnfield para enviarle mensajes a Uribe, y lo mantenían al tanto semana a semana, incluso de conversaciones con autoridades de otros países que se presumirían serían confidenciales.

Brownfield, por su parte, expresaba su preocupación por el respeto a los derechos humanos y ejercía presión constante en ese sentido sobre el gobierno de Uribe, según se desprende de los informes secretos.

En otro cable se informa que el vicepresidente Francisco Santos le pide ayuda al gobierno de Estados Unidos para encontrar “las fuerzas oscuras que están detrás de los ataques al DAS”. Y va aún más lejos: “Santos insiste en que el FBI se involucre en la investigación pero el embajador le advirtió que cualquier participación de Estados Unidos debe ser bajo la sombrilla de un organismo internacional y que incluso entonces no estaríamos seguros de querer participar”.

Solicitud de apoyo para espiar a Ecuador y Venezuela

El gobierno de Uribe Vélez también solicitó a la embajada norteamericana el intercambio de información de inteligencia sobre Ecuador y Venezuela.

Según el cable 08BOGOTA1391, del 14 de abril del 2008, rotulado como secreto, el embajador Brownfield, detalla que el general Freddy Padilla de León, entonces comandante de las Fuerzas Militares de Colombia, le reitera un pedido para que Washington realice tareas de Inteligencia en Ecuador y Venezuela, así como en el caso de los cautivos que están en manos de las FARC.

La solicitud fue presentada un mes después de la ruptura de relaciones diplomáticas entre Quito y Bogotá, a raíz del ataque colombiano al campamento de Angostura, el 1 de marzo de ese año. Según ese cable, la diplomacia estadounidense se negó a tramitar el pedido de Padilla.

El cable recoge también las percepciones de Padilla acerca de las FF.AA. venezolanas y ecuatorianas. De las primeras, dijo, que son más débiles de lo que se pensaba. Y de las segundas, destacó que “demostraron ser mucho más profesionales, a pesar de ser más pequeñas que las venezolanas”.

Pda

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