jueves, 28 de febrero de 2008

ANTE LA JUNTA NACIONAL DEL POLO

UNIR FUERZAS PARA UN PODER DEMOCRÁTICO
EDITORIAL SEMANARIO VOZ
La Dirección Nacional del Polo abordará una intensa agenda que busca discernir las claves de su futuro unitario. La gran prensa del régimen intenta dar línea a favor de posturas que se acerquen al establecimiento e incluso a la esencia guerrerista del gobierno.
El temor del establecimiento es sentir que pierde el control sobre una fuerza política de la oposición que reúne simpatías populares. La dificultad para el Polo consiste en hacia dónde y cómo dar el paso siguiente. Cómo zafarse del collar de hierro que la derecha intenta colgarle en su afán de neutralizar la oposición para reducirla y atomizarla. La ofensiva ha persistido en el propósito de equiparar el Polo a la insurgencia y obligarlo a presentar y actualizar expedientes de buena conducta, representados en permanentes rechazos a la lucha armada, la combinación de formas de lucha y las Farc. Estos exorcismos le conceden razón al uribismo, que considera que todos los males del país son atribuibles a la guerrilla. La enorme presión mediática y oficial le pone la agenda a la oposición. En tanto, los graves problemas políticos, sociales y económicos quedan por fuera del horizonte de sucesos pertinentes para la acción popular.
Se necesita de una política democrática avanzada, clara e independiente del Polo. Hay prioridades en los problemas por resolver. El tema de la paz o la guerra no es algo lateral, de segundo plano. Es un asunto medular que no se puede trivializar para actuar siempre a la defensiva. El PDA se diferencia de las Farc , pero debe preocuparse por diferenciarse sobre todo del régimen contrainsurgente. Tiene que plantear claramente un camino para salir del estado de guerra, distinto del que propone el establecimiento, que es la salida militar. No hay solución militar posible de este conflicto prolongado. No está en el orden del día la posibilidad de una salida insurreccional armada. Pero tampoco es cierto que el régimen pueda alcanzar una victoria sin que medie un baño de sangre peor y una mayor destrucción de la economía y el desarrollo social. Salir de la guerra, en consecuencia, no es cualquier salida. La paz necesaria no es cualquier paz.
Existe una relación estrecha entre el logro de la paz y profundas reformas sociales y políticas, que solo pueden ser obra de un nuevo poder democrático, como, por ejemplo, la reforma agraria integral. PDA es la principal fuerza de la oposición, en torno a la que gira la alternativa del pueblo que quiere un país en paz, en donde se vean solucionadas sus angustias generadas por el ahondamiento de las desigualdades, el despojo agrario y urbano, el envilecimiento del salario, la precarización del empleo y la seguridad social. Sólo un cambio político democrático avanzado, de amplio respaldo y compromiso social puede desatascar el país del pantano a donde lo ha conducido el uribismo.
La guerra ha sido y es entre colombianos. Pero está intervenida, cada vez más directamente, por Estados Unidos, con intereses económicos y de dominación explícitos, como el TLC y los agrocombustibles. Salir de la guerra implica reivindicar un gesto de soberanía. El conflicto armado ha devenido en problema que afecta las relaciones, la estabilidad y la convivencia, con los países hermanos. Por eso se afianza en el continente la conciencia en fuerzas políticas y gobiernos de izquierda, de contribuir afirmativamente a su solución. La salida política negociada tiene que ser un propósito nacional. El tema de los acuerdos humanitarios no es asunto solo de las alturas. Se está convirtiendo en uno de los elementos de las marchas ciudadanas. Por eso, hay que disputarle a los guerreristas el espacio de la calle, que ha sido siempre el espacio de la izquierda y de la lucha popular. La cita es el 6 de marzo.
Jaime Caycedo

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