lunes, 28 de enero de 2008

PDA: No marcharle a la guerra, liderar una política de paz

Gabriel Becerra Y
Dirigente del PCC y miembro de la dirección distrital y nacional del PDA

Enero 27 de 2008. Si algo ha quedado en evidencia con el debate sobre participar o no de la marcha del 4 de febrero convocada contra las FARC, patrocinada abiertamente por el gobierno nacional, con la consigna “No mas secuestros, No mas mentiras, No mas muertos, No mas FARC”, es la debilidad política que en algunos sectores del llamado “movimiento por la paz” existe sobre el tema, especialmente al interior del PDA.
La derecha en medio de sus dificultades pasa a la ofensiva, explota maniquea y oportunistamente el dolor que genera los efectos del conflicto armado sobre una parte de la población; nada dice de los desaparecidos, de los torturados, de los desplazados, del dolor de los presos políticos y sus familiares, de las masacres paramilitares, del terrorismo de Estado; utiliza el dolor de los secuestrados y rehenes para alimentar una mentalidad de venganza y odio en el pueblo, favorecer su proyecto estratégico de beneficios a los grandes terratenientes y oligarquías financieras; lo utiliza también para atacar a la oposición política legal pero en especial, a la insurgencia armada y para fortalecer internamente su proyecto militarista y socialmente reaccionario ante su creciente aislamiento internacional.
Su gran tesis es endilgarle todas las tragedias del país a las guerrillas y en consecuencia, dirigir toda una guerra psicológica y la maquinaria gubernamental y del gran empresariado, para la marcha del 4 de febrero y en cualquier otra oportunidad, en una sola dirección: fortalecer la guerra, la tesis de la derrota militar, cerrar el camino a la posibilidad del intercambio humanitario y bloquear cualquier opción de solución política negociada al conflicto armado realmente existente.
Es evidente que dicha estrategia es coordinada con los intereses y el intervencionismo creciente de los Norteamericanos, frente al cual no se escuchan vehementes declaraciones patrioteras como las hechas contra el presidente Chavez, que se atrevió a decirle al mundo que el conflicto colombiano a traspasado sus fronteras; que favorece el intervencionismo Yanqui en la región; que no tiene solución militar posible y que para encontrarle una salida política negociada, en nada contribuye seguir señalando de terroristas a unas guerrillas que de facto tienen carácter político.
Si éste es el escenario, entonces ¿cuál debe ser la actitud del PDA y las fuerzas democráticas del país?. La peor de todas es la de salir acorralado, sin criterio propio, a respaldar una acción sistemáticamente manipulada por el gobierno nacional y los grandes medios, para favorecer algo totalmente distinto a lo que se supone defiende su Ideario de Unidad. Pero se reclama entonces que el PDA no le puede hacer el juego a las guerrillas y que no puede aislarse de la “opinión pública”, renunciando de antemano a asumir una política propia en este campo, por el intercambio humanitario y por la paz.
Se nos olvida que el PDA ya tomo definiciones y ha sido claro en su ideario de unidad al definir que “Nos oponemos a la guerra y al ejercicio de la violencia como instrumento de acción política. Reconocemos la naturaleza política de la insurgencia colombiana, pero consideramos que hoy la vía de la transformación es la lucha de masas democrática y pacífica. Repudiamos todas las formas de terror y terrorismo de Estado, en particular el atentado personal, el secuestro, la extorsión, las acciones armadas contra la población civil, que en modo alguno son formas legitimas de la lucha de los pueblos, por lo que condenamos todo acto de esta naturaleza. (…). Nos oponemos a la concepción de “lucha antiterrorista” que los gobiernos norteamericano y colombiano utilizan como pretexto para recurrir a métodos absolutistas y perseguir las expresiones de lucha popular que se oponen a la política imperante”.
En cuanto a la “opinión pública”, lo que muchos sectores honestos del país reclaman en medio de la ofensiva mediática es la necesidad de una voz que se diferencie de la escalada guerrerista del Uribismo y su maquinaria; la enfrente y ayude a romper el embrujo autoritario. Se necesita que las fuerzas democráticas recuperen la iniciativa propia en este campo trascendental de la vida nacional y no se limiten a reaccionar frente a los anuncios oficiales y las cadenas de radio, que al parecer son quienes definen la agenda de la oposición y en particular del PDA. ¡Como anhelamos un PDA que le hable claro al país y no tema decirle al pueblo por qué no le marchamos a la guerra!
Más allá de la marcha del 4 de febrero, lo que urge definir colectivamente es sí el PDA como proyecto con aspiraciones de gobierno y de poder democrático, tiene o no una política e iniciativa propia en el tema de la paz, como lo exige el cumplimiento de su ideario de unidad, o simplemente va seguir a la saga de los acontecimientos y en medio de un mar de vacilaciones y oportunismos, donde estar o no con la estrategia de guerra del establecimiento es indiferente, siempre y cuando no los saquen de la foto y la “opinión pública” no los rechace.

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